MOVIMIENTO MACROREGIONAL DEL CUSCO
PROYECTO PUEBLO
Construyendo una alternativa desde el pueblo

sábado, 8 de noviembre de 2008

NI OLVIDO, NI PERDÓN, NI RENCOR / ALBERTO ADRIANZEN

Ni olvido, ni perdón, ni rencor
Por Alberto Adrianzén MERINO (*)

Beatriz Sarlo, una de las más brillantes intelectuales de Argentina, ha dicho "que es errado hacer política presente convocando a la historia". Es cierto, la historia no tiene fines ni metas. Sin embargo, se puede decir también que es un error hacer política olvidando a la historia. Sin memoria, la sociedad sería un caos. La memoria es, pues, clave cuando se trata de reconstruir sociedades.

Decimos esto porque el día jueves, el congresista Edgar Núñez, presidente de la Comisión de Defensa del Congreso, y otros congresistas apristas y fujimoristas han presentado un proyecto de ley que pretende amnistiar a los comandos del operativo Chavín de Huántar y crear una comisión ad-hoc para evaluar, calificar y proponer amnistiar al personal policial y militar "defensor del Estado de Derecho y de la democracia".

Este hecho de por sí escandaloso, lo es aún más cuando se sabe, como dice la abogada de APRODEH Gloria Cano, que no existe ningún miembro del comando Chavín de Huántar que esté siendo juzgado o investigado por dicho operativo, y que los únicos que lo están por este hecho son: Vladimiro Montesinos, Nicolás Hermoza Ríos, Jesús Zamudio Aliaga y Roberto Huamán Azcurra. A ello se suma, que Williams Zapata y Carlos Tello Aliaga, que participaron en este operativo, son procesados por otros hechos, el primero por la masacre de Accomarca en 1985 y el segundo por la masacre del Frontón en 1986. Ambos sucesos ocurridos en el primer gobierno de Alan García. No está demás decir, como también señala Gloria Cano, que las amnistías son generales y no a título individual, y que no proceden "en caso de violación a los derechos humanos, así lo ha señalado la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Barrios Altos y el Tribunal Constitucional en diversos fallos. Las amnistías solo proceden para delitos políticos y no para delitos comunes y menos para delitos de lesa humanidad, el Estado estaría violando nuevamente el tratado de San José de Costa Rica". Y si a ello le añadimos la famosa comisión ad-hoc, integrada casi únicamente por miembros del ejecutivo, porque la Defensoría del Pueblo ya ha señalado que no la integrará, resulta evidente que se quiere crear una suerte de Contra Comisión de la Verdad. La ofensiva del militarismo es, pues, más que evidente.


Pero lo que más llama la atención de este hecho, es lo poco que hemos aprendido (en realidad no queremos aprender hasta ahora) del conflicto interno. Josep Pico en su libro Los años dorados de la Sociología dice que el fin de la Segunda Guerra Mundial dio paso en Inglaterra a un espíritu reformista que ponía énfasis en "la igualdad del sacrificio y la hostilidad hacia los privilegios establecidos en la preguerra". En el Perú muy poco pasó de esto. El gran intento reformista, cuando se creó la Comisión de la Verdad durante el gobierno de Valentía Paniagua, fue atacado, no solo por los militares y el fujimorismo que buscaban la impunidad, sino también por otros sectores que se negaban a entender que el conflicto interno (o la guerra interna) fue también consecuencia de sus privilegios. A ello se sumó, como siempre sucede, la lenidad del Estado y el irrefrenable militarismo de algunos políticos. El debate famoso sobre el número de muertos durante los años de la violencia es, acaso, la mejor expresión de una negación sistemática e histórica del otro, pero también de una miopía política a la que se suma la ausencia de una mínima sensibilidad social.

Sin embargo, es difícil borrar la memoria de una sociedad. El mejor ejemplo de ello es lo que viene sucediendo en España. En estos últimos años se ha desarrollado todo un movimiento de recuperación de la memoria histórica para saber qué pasó en la Guerra Civil y durante la dictadura de Franco ya que la amnistía de 1977 decidió evadir este tema como una las condiciones para posibilitar la democracia. Hoy ese movimiento es realmente importante ya que no solo ha posibilitado que se cree la primera Comisión de la Verdad, en Valencia, sino también que se apruebe la Ley de la Memoria el 31 de diciembre del año pasado, lo que ha permitido que se comience a investigar los crímenes de lesa humanidad en ese periodo. A ello hay que sumarle un nuevo clima cultural que se expresa en novelas como Los soldados de Salamina y Los girasoles ciegos (ambas llevadas al cine) o La voz dormida, y en películas como Las trece rosas, o la próxima sobre la vida del comunista Marcos Ana, el preso político más famoso del franquismo que se hizo poeta en su largo cautiverio, que filmará Pedro Almodóvar.

Como lo demuestra ahora España, ya antes otros países, la memoria de una sociedad no puede ser borrada, porque un pueblo que no sabe de dónde viene tampoco sabe a dónde va. Como dice D. Lacapra (Escribir la historia, escribir el trauma), "cuando la pérdida se convierte en ausencia, se llega a un punto muerto de melancolía, duelo imposible… en el que cualquier proceso de elaboración del pasado y sus pérdidas queda…abortado prematuramente". Por eso, la amnesia histórica es un atributo de los gobiernos autoritarios que solo buscan apropiarse de la sociedad y de la historia para ponerla al servicio de una minoría.


(*) www.albertoadrianzen.org

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