MOVIMIENTO MACROREGIONAL DEL CUSCO
PROYECTO PUEBLO
Construyendo una alternativa desde el pueblo

sábado, 8 de noviembre de 2008

IZQUIERDA DE AUTONOMÍAS

Les envío algo que escribí después de leer el documento de SUR y el aporte de Álvaro Campana. Si bien se los hcie llegar imagino que no ha habido respuestas debido a cuestiones de tiempo y demás, así que aquí lo envío como aporte a la discusión. Es una reflexión conceptual sobre qué significa eso que llamamos autonomía. Es necesario comenzar a pensar en la acción y en esas estamso, pero creo que no debemos descuidar el tener claridad total sobre aquello que nos hace particulares, que creo que es algo más que ser grupos pequeños y no estar en partidos. Ahi les va. Un abrazo. Omar Cavero(militante de acción crítica) Copio el documento y lo mando también adjunto:

IZQUIERDA DE AUTONOMÍAS

Reflexiones en torno al concepto de autonomía en el documento de SUR

y en el aporte del compañero Álvaro Campana

Omar Cavero – Acción Crítica[1]

El documento "Criterios para la unidad de la izquierda autónoma" elaborado por el Colectivo SUR, abre un debate necesario. Entre las organizaciones que se reconocen de izquierda hay una serie de sentidos comunes que han trazado líneas divisorias entre lo tradicional y lo nuevo; entre partidos y colectivos; entre viejas prácticas y formas renovadas de hacer política; etc. Pero ha habido pocos intentos por explicitar aquellas diferencias y ensayar definiciones. El documento de SUR es una apuesta por entrar directamente al tema, y plantear posibilidades de acción y unidad.

A continuación planteo algunas observaciones. Me centraré en aspectos teóricos que me parece necesario enfrentar y buscaré hacerlo de la manera más fría y objetiva, algo que considero necesario al momento del análisis. Desde ya manifiesto mi adhesión al fondo del documento de SUR. Veamos.

La autonomía

Un aspecto clave en la definición de izquierda autónoma es, evidentemente, la noción de autonomía. Figura en las características y en el nombre de la tendencia. Sin embargo, su definición aparece aún incompleta. Desde una lectura rápida puede entenderse que la autonomía (que en tanto tal, alude a autonomía frente a algo) radica en el carácter no partidarizado.

Si fuera ese el sentido de la palabra, se trataría de una etiqueta en negativo que, si buscase definir la esencia de una forma de práctica de izquierda, estaría negando a los partidos como forma legítima de organización política; o, en todo caso, estaría apostando por una forma de organización política que no sea partidaria. Por supuesto, se trata de una etiqueta y ella no debe sobreponerse al contenido que busca englobar. Sin embargo, aquel contenido no termina de estar claro; aunque, valga resaltarlo, concuerdo con la gran mayoría de ideas vertidas y comparto el entusiasmo por generar vínculos orgánicos de unidad.

Quiero centrarme en la noción de autonomía y básicamente en su nivel organizativo. Yo percibo que las nociones de autonomía y horizontalidad van ligadas de una manera más profunda, y -aun de no existir partidos de los cuales deslindar- podrían significar una particularidad dentro de las tendencias de izquierda. Lo que entiendo es que autonomía y horizontalidad son los dos principios de base que construirían un modelo de cambio social y de organización política en el que las organizaciones no crecerían engullendo a otras e imponiendo su vanguardia, sino articulando espacios autónomos de decisión en los que se garantice democracia participativa y, por lo tanto, legitimidad en las decisiones.

Aquello es justamente algo que no concibió el modelo leninista de partido, en el que las organizaciones poseen estructura piramidal-burocrática que, indefectiblemente -por más socialista que se sea-, acaban por concentrar el poder en el criterio de unos pocos, que pretenden vanamente tomar decisiones en nombre de las mayorías, consultándoles a través de plenarios escasos y manejados, y votaciones esporádicas. Las taras de la democracia representativa, también se repiten en los partidos de izquierda que se pretenden democráticos, y ni hablar de las derechas.

Ahora volvamos a lo de autonomía y horizontalidad, y agreguemos algo que también está en el documento: "la diferencia y la diversidad como poderosas armas de lucha". Ahí radica una particularidad de importancia vital, y que corresponde a esta época. Las luchas emancipatorias ya no son únicamente por la redistribución transformadora (léase revolución) en el plano sociopolítico, sino que ahora hay una serie de luchas importantes por el reconocimiento, por la defensa y la reivindicación de la particularidad (que también son revolucionarias). Aquí se ubicarían desde el movimiento indígena hasta el movimiento de género y el de la reivindicación racial. Se trata de dos direcciones de lucha que debemos apuntar a conciliar, filosóficamente, programáticamente y organizativamente. No es posible lograr redistribución sin reconocimiento, ni reconocimiento sin redistribución. Un principio interesante de consenso, que es necesario desagregar en prácticas concretas, es lo que Boaventura llama "el metaderecho a tener derechos". Pero es un debate más largo de lo que los fines de este texto me permiten.

¿Qué tiene que ver todo ello con la izquierda autónoma? Concretamente, la izquierda autónoma debe evitar caer en el error de imponer una visión particular a otras organizaciones, cuyas experiencias de lucha se construyen desde contextos particulares y en ocasiones hasta ininteligibles entre sí. Aquella apuesta por conciliación e inteligibilidad dentro de las diversidades debe traducirse en el diseño organizativo.

Si asumimos ese reto, una organización de la izquierda autónoma que creciera exitosamente, no debería apuntar a ser un gran pulpo de cabeza piramidal, porque caería en las taras que se critican a los partidos. Si no se afronta esta tarea, el imperativo valioso de construir la utopía revolucionaria desde la práctica y no esperando un momento privilegiado de toma de poder; se perdería.

Por el momento no hay mayor problema porque somos organizaciones pequeñas, donde los lazos de confianza permiten una vivencia interior medianamente armónica y una práctica política horizontal. ¿Pero y si creciéramos? ¿Y si lográramos una articulación nacional, un Bloque político y un programa? ¿Es que acaso existe una identidad irremediable entre verticalismo, autoritarismo y burocratismo; y organización política grande (dicho vagamente)? Si nos planteamos una articulación mayor, urge enfrentar el diseño de una organización contundente que sea más que una coordinadora o frente, pero que no caiga en los errores de la organización partidaria.

Izquierda de autonomías

Hasta aquí entonces, lo que busco es aportar en problematizar cómo la autonomía, la horizontalidad y la diversidad, podrían construir la particularidad de una izquierda renovada, que reflexiona críticamente desde su tradición pero que busca superar sus taras menos percibidas oficialmente, y por ello sus taras más profundas. Y justamente esta superación debe evitar caer en vacua retórica que busque legitimar perversamente las mismas prácticas desde discursos que supuestamente las critican. Aquello sucede con las infinitas autocríticas al sectarismo en boca de viejos dirigentes que minutos después abundan en actitudes sectarias.

Desde organizaciones pequeñas es más fácil vivir una democracia plena, que respete diversidad y horizontalidad. Pero cuando se crece y se entra de lleno a la coyuntura, el dinamismo de la actividad política obliga a respuestas rápidas. Esa necesidad de rapidez y efectividad conlleva una tendencia a la concentración de poder, a la pérdida de horizontalidad, a la simplificación y al olvido de la diversidad. La izquierda autónoma, si plantea una articulación nacional orgánicamente consistente, debe prever un diseño organizacional que permita respuestas rápidas a la coyuntura que no impliquen el sacrificio de la democracia real.

Sigamos la pista que nos abre la noción de autonomía, pero no la entendamos en negación a los partidos, sino como la esencia orgánica de la articulación entre espacios diversos. Pequeños espacios autónomos que garanticen la democracia directa interna, y que se federen entre sí en plataformas de lucha más amplias, quizás sean una forma de ir aterrizando el tema. Entendida así la autonomía, a lo mejor debamos ser, más que una izquierda autónoma, una "izquierda de autonomías". Claro, el debate está abierto y las ideas que aquí planteo lo último que buscan es ser concluyentes.

Sobre el aporte de Álvaro Campana respecto a la noción de autonomía

Los aportes del compañero son importantes. Ahora quiero centrarme sólo en la noción de autonomía. Su documento dice lo siguiente:

Justamente, uno de los aportes de la izquierda autónoma es la crítica a esta lógica que reproduce la dominación, y recordando que el Estado la reifica y sigue siendo expresión de la expropiación del poder a la gente, y retomar la idea de la socialización, sobre la base de la recuperación por parte de la sociedad de la producción de la economía, de la cultura, del ejercicio de la autoridad, de la producción de lo normativo, esta es la idea de la autonomía.

Aquí se aborda a la autonomía en un sentido más amplio que el meramente organizativo, que fue la dimensión a la que me circunscribí en mis reflexiones anteriores. La autonomía es entendida, en la cita, como la superación de toda dominación, la recuperación por parte de la sociedad de sus relaciones sociales y su producción en todas las dimensiones (autoridad/trabajo/cultura/sexo). Aquella recuperación se manifestaría en autogobierno, autogestión; en fin, en autonomía.

Pero si problematizamos el acercamiento surge la siguiente pregunta: ¿quién es la sociedad? Y no lo quiero llevar a un debate que busque definir qué entendemos por pueblo o por "lo popular" (debate necesario, a mi parecer). Quiero llevar el tema a algo más simple: todas las sociedades tienen formas de autoridad colectiva, y, por definición, toda forma de autoridad colectiva implica dominación. Aquella dominación es la que hay que entender en su profundidad para saber qué es lo que específicamente combatimos de ella. Cuando se dice "el Estado reifica y sigue siendo expresión de la expropiación del poder a la gente", ¿se está pensando en una sociedad sin formas de autoridad colectiva? Toda institución de poder público tiene, por lo menos, la tendencia a la reificación del poder, porque se trata de una institución: cristaliza en roles y normas diferenciadas y diferenciables, las relaciones sociales -que son relaciones de poder, hasta en el socialismo mejor realizado.

¿Es posible pensar sociedades complejas, relacionadas entre sí extensamente y con una división del trabajo avanzada, que puedan sostenerse sin instituciones de autoridad? Esa es una pregunta que no siento que hayan logrado contestar comunistas ni anarquistas. Ambos quieren la extinción del Estado, y no sólo del Estado burgués, sino del Estado, porque es concebido como mecanismo de dominación per se, creado como tal para ese fin. Pero la utopía que construyen presenta una sociedad de pequeñas comunidades aisladas entre sí, de autoconsumo, agrarias, donde no hay separación entre trabajo manual e intelectual. La pregunta es, en efecto, si dados los avances de la división del trabajo y el desarrollo tecnológico globalizante, es posible pensar en un modelo de este tipo. Yo creo que no hay marcha atrás en las conexiones transnacionales y transculturales, y que la tecnología ha sido apropiada a tal punto por las personas que ni la más profunda revolución podrá desconectar las sociedades entre sí.

Entonces hay dos elementos sustantivos: 1) las formas de autoridad colectiva son intrínsecas a las sociedades, y 2) hay una interconexión tecnológica y social (asimétrica e injusta) profunda entre las personas y grupos, que no dará marcha atrás. Así pues, habrá que asumir que las instituciones de autoridad expropian poder a la gente y restan autonomía (las juntas de autogobierno lo hacen también). Y con aquellas certezas incómodas debemos pensar un proyecto de autoridad colectiva que respete la autonomía y la horizontalidad, que haga parte de su estructura la diversidad, que concilie redistribución y reconocimiento. ¿Es el Estado-nación una institución que lo permite? Los zapatistas creen que no. Los movimientos indígenas ecuatoriano y boliviano, con su apuesta por la plurinacionalidad creen que sí, aunque con reformas drásticas de por medio. ¿Cómo vemos nosotros este asunto?

Se trata de un tema más relevante de lo que aparenta. Las revoluciones socialistas que lograron apropiarse del Estado no lograron extinguirlo y, en nombre de la utopía que habría de alcanzarse luego de la transición de la dictadura del proletariado, se legitimaron totalitarismos, autoritarismos, represión y genocidio. Lo que habían logrado fue eliminar las clases sociales fundamentadas en el capitalismo, pero crearon un nuevo eje de estratificación a partir del Estado, que se apropio de los medios de producción y dio nacimiento a una genuina clase burocrática, dominante y hegemónica. La redistribución revolucionaria que significó desterrar al capitalismo de la economía, no logró extirpar la ambición y el utilitarismo de las relaciones sociales que daban la vitalidad a ese capitalismo. Ambos, ambición y utiliarismo, se reprodujeron a partir de las estructuras de poder de la burocracia estatal, de partido único.

Aquella degeneración seguramente fue difícil de prever porque no se planteó como una necesidad el vivir en la práctica las máximas de relacionamiento social que prescribían las utopías. Se buscó tomar el poder y no construirlo, se buscó el mundo ideal sin buscar construirlo en el camino; y ello debe ser un trabajo colectivo, para evitar vanguardias que exigen cuotas de sacrificio por un ideal que consideran el único verdadero porque todo lo demás "es ilusión. Tenemos un reto teórico y práctico por delante.

Palabras finales

He buscado hacer un análisis frío y desenfadado, pero no puedo ocultar mi entusiasmo con la apertura de este debate y con la iniciativa que plantea Sur de abrir el diálogo y generar vínculos orgánicos de unidad entre nuestras organizaciones. Y se trata de una tarea imprescindible y urgente. La coyuntura así lo amerita. Si bien el debate teórico es necesario, se requieren respuestas prácticas, acción. Es una tensión necesaria. Abramos el debate pues, y movámonos rápido hacia la organización. Organicemos los pre-encuentros, convoquemos a las organizaciones con los criterios que hasta ahora manejamos y vayamos diseñando metodologías adecuadas para una articulación horizontal de autonomías y diversidades. Nuestros mecanismos deben combatir al sistema social en todas sus dimensiones y en todo momento.

4 de septiembre

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