MOVIMIENTO MACROREGIONAL DEL CUSCO
PROYECTO PUEBLO
Construyendo una alternativa desde el pueblo
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miércoles, 4 de febrero de 2009

EXPERIENCIAS DE LUCHA POR LA CONSTRUCCIÓN DE UN PODER POPULAR. CASO NICARAGUA

Experiencias de lucha por la construcción de un poder popular. Caso Nicaragua

Mónica Baltodano
ENCUENTRO SOBRE EXPERIENCIAS
DE PODER POPULAR EN AMERICA LATINA
Sao Paulo - BRASIL, 26 al 30 de Octubre

I. Breve Introducción histórica:

Hablar de la experiencia popular nicaragüense es hablar de las luchas sostenidas de un pueblo, por más de 50 años, por una verdadera independencia, por una auténtica autodeterminación, y por una sociedad más democrática y justa.


En 1927, Inicia su lucha antiimperialista Augusto C. Sandino después del llamado Pacto del Espino Negro, en donde se acordó desarmar a las fuerzas nicaragüenses y entregarle las armas a los invasores. Sandino no entregó sus armas y comenzó a organizar su propio Ejército Defensor de la Soberanía Nacional.


Sandino y sus campesinos obtienen una gran victoria sobre los Marines, a los que logró derrotar a pesar de las diferencias numéricas y tecnológicas. Pero luego es traicionado y muere, de manos de Anastasio Somoza García. Con el asesinato de Sandino, el gobierno Norteamericano instala la Dictadura Somocista, que dura hasta 1979, y que se constituyó en una de las más oprobiosas de América Latina.


La Dictadura somocista se caracterizó por:


1) Una total subordinación a los intereses norteamericanos. Las compañías norteamericanas controlaron el comercio internacional de nuestros productos, nuestros recursos naturales: minas, pesca, banano y más adelante sector financiero. Nicaragua fue una base militar para propósitos imperiales. Control de la región Centroamericana y base para otras operaciones. No es casualidad que de Nicaragua salieron una parte de los invasores de Bahía de Cochinos.


2) El enriquecimiento personal de la familia del dictador. Constituyó uno de los más grandes capitales de la región.


3) El establecimiento de una democracia formal, reglas de juego aparentemente democráticas. Elecciones periódicas (siempre amañadas), separación de poderes, leyes etc. Pero todo bajo el control total de la dictadura.


4) A través de pactos y prebendas, logró mantener formalmente una "oposición" prebendaría, lo que le permitía legitimarse periódicamente a través de los comicios.


5) Al amparo de su régimen floreció también una débil burguesía, sobre todo ligada al café y al algodón, y luego a la actividad comercial y financiera. Mientras Somoza les permitió el desarrollo de sus actividades estos sectores le apoyaron firmemente.


6) Ejerció una feroz represión, (el Ejercito era su guardia pretoriana) contra quienes luchaban por las libertades. Incluso contra quienes utilizaron formas pacíficas de oposición. El incremento de la lucha armada, le sirvió de pretexto para generalizar la represión.


7) Finalmente la falta de libertades públicas, y la lucha de resistencia desestabilizaron de tal manera al régimen que la burguesía preocupada empezó a buscar un cambio, pero salvaguardando sus intereses de clase. Se intentó un somocismo sin Somoza.






II. Contexto de la lucha y victoria sandinista:


Caracterizamos a grandes rasgos el contexto en que se libró la lucha y los factores de la victoria sandinista:


a) El apoyo incondicional de los Estados Unidos hacia la dictadura, se mantuvo hasta los días finales de la misma.


b) La Dictadura había logrado cierto desarrollo del modelo capitalista agro exportador. Nicaragua tuvo el rol de abastecedor de materias primas baratas. (Algodón, café. Banano, carne, madera y oro) y consumidor de los bienes producidos en Estados Unidos. La situación económica de Nicaragua vive una cierta mejoría con el impulso de la Alianza para el Progreso. en los años 60.


c) Prevalece en el ámbito internacional la guerra fría entre los bloques Este-Oeste. Mientras los Estados Unidos sigue respaldando la Dictadura somocista. La URSS se mantuvo distante y hasta ignorante, sobre la naturaleza de la lucha que se libraba, pues sus representantes eran los partidos comunistas tradicionales, quien hasta la victoria mantuvo una feroz critica a la lucha armada del FSLN.


d) La Revolución Popular Sandinista se produce en el momento en que comienza a manifestarse la crisis de la deuda externa. Después de la etapa de transnacionalización de las economías, en donde el capital financiero internacional de la post guerra han invertido grandes capitales en Latinoamérica a través de su política de préstamos.


e) Hay un agotamiento de los modelos dictatoriales que han respaldado los Estados Unidos. Después de la revolución cubana, se multiplican en todo Latinoamérica los movimientos de resistencia, las luchas guerrilleras. La guerra de Viet-Nam los movimientos de Mayo en París, la masacre de Tlatelolco en México, la victoria de Allende en Chile, hechos que crean un ambiente de efervescencia latinoamericana.


f) El gobierno demócrata de Estados Unidos, con la presidencia de Jimmy Carter, se ve fuertemente presionada por otros gobiernos del mundo, y organismos de derechos humanos, horrorizados por el escalamiento de la represión y el genocidio de los Somoza. El incremento de la lucha popular obliga a los Estados Unidos a plantearse el fin del apoyo a la dictadura, y la búsqueda de una salida negociada.


g) La Iglesia Católica latinoamericana, en muchos lugares asume un rol crítico de las dictaduras. Por todos lados se crean movimientos cristianos que se identifican con la lucha armada revolucionaria.


h) A partir de 1977, el FSLN impulsa una política de alianzas con sectores descontentos de la burguesía. Se adoptan novedosas formas de lucha política como el Grupo de los doce (aglutinamiento de personalidades democráticas).





III. La Lucha Popular contra la Dictadura:


La historia de las luchas populares tienen su origen en la resistencia que indígenas hicieron ante la dominación española.


Sin embargo los sectores populares no desarrollaron muchas luchas independientes. Siempre fueron ocupados como carne de cañón de intereses en pugna, por sectores de la clase dominante. Derrotado el movimiento Sandinista, heróicas, pero muy limitadas, fueron las luchas sindicales, en la época de la dictadura.


La nueva y principal fuerza de organización popular fue el Frente Sandinista de Liberación Nacional, cuyo principal creador Carlos Fonseca, lo construye como una organización alternativa a los partidos tradicionales, a las paralelas históricas, de liberales y conservadores, y como una fuerza nueva que represente al pueblo buscando su propio camino.





IV. LAS BANDERAS


Las banderas se resumen en el Programa Histórico que elaboró Carlos Fonseca en 1968-69:


1) Soberanía nacional. La búsqueda de una Nicaragua independiente de los Estados Unidos, que sea libre para construir su propia historia. En tal sentido busca, la independencia económica, el fin del control de las transnacionales de nuestros recursos naturales, como el oro, el banano, los recursos pesqueros. Pero ante todo reivindica el principio de la autodeterminación, el antiimperialismo y el fin de la presencia norteamericana en nuestra patria, y una política exterior independiente.


2) Democracia y honestidad administrativa, El fin de la Dictadura y la construcción del poder popular. La democracia Identificada con participación directa del pueblo en sus propias transformaciones.


3) Construcción de un ejercito nacional que tenga como misión la salvaguarda de la soberanía y no la represión del pueblo Destrucción de la guardia nacional, como aparato privado de represión, que humillaba, torturaba, y asesinaba a al pueblo.


4) Tierra para los campesinos. Reforma Agraria que ponga fin a la miseria rural y a la injusta distribución de la tierra y al latifundio.


5) Justicia social, expresada como NO MÁS EXPLOTACION NI MISERIA Aniquilamiento de las grandes diferencias sociales. Se proponía construir una sociedad mas justa, en donde todos tuviesen acceso a la educación y a la salud gratuitas. La revolución en la cultura y la enseñanza.


6) Emancipación de la mujer. Fin de la odiosa discriminación de las mujeres con respecto al hombre.


7) Unidad popular centroamericana, con el propósito de dar continuidad al ideal de la unidad de la región.


8) Plena libertad de organización del pueblo. Impulsar la organización popular autónoma de los partidos tradicionales.


9) Libertad religiosa y Estado Laico.


10) Solidaridad entre los pueblos en lucha.








V. FORMAS DE LUCHA ADOPTADAS


El Frente Sandinista se organizó inicialmente como una fuerza guerrillera, que persigue el fin de la dictadura y la toma del poder por la vía armada. Animada por los resultados del movimiento 26 de Julio en Cuba, el Frente Sandinista escoge como teatro preferencial de su lucha el campo, aunque también realiza operaciones en las ciudades.


A finales de los 60 y principios de los 70, se da una confluencia de los cristianos revolucionarios nicaragüenses con el Frente Sandinista, y en particular con el movimiento estudiantil universitario. Coinciden con la reflexión de que es necesario el desarrollo del movimiento popular en apoyo a la lucha armada.


Se construyen a través de distintas organizaciones, puentes de vinculación con el campesinado, a través del trabajo directo y las organizaciones campesinas que luchan por la tierra. En las ciudades, a través de organizaciones juveniles y populares, alrededor de reivindicaciones como la vivienda, el agua, los servicios de salud, por mejoras en las condiciones de vida. Y por supuesto, las luchas sindicales. El Frente Sandinista se vincula estrechamente a las luchas de los maestros por sus reivindicaciones salariales, por libertad sindical. Y después del terremoto de Managua (1972), a los movimientos de obreros de la construcción.


De esta manera, dentro de las luchas sociales se van identificando a los hombres y mujeres que son capaces de trascender las reivindicaciones inmediatas y llevar a un plano más político sus expectativas. Entendiendo que para el cambio de la realidad, era necesaria la alianza obrero campesina, que busque el poder, para el cambio integral de la realidad.


Así entendíamos entonces la importancia del poder, de asaltar los aparatos del Estado, como instrumentos, para cambiar la realidad de injusticia que vivíamos.


Además de las luchas sectoriales, se lograron impulsar luchas eminentemente políticas, por la democracia, por la libertad, como las luchas por la libertad de los presos políticos.


La incorporación masiva del pueblo a la lucha armada, se logró a través de dos décadas de trabajo de base, en que se vincularon, acciones armadas con actividades políticas. Lucha por reivindicaciones con golpes de mano, reclutamiento de colaboradores con asaltos a bancos para conseguir recursos. Acciones de denuncia, de divulgación y de trabajo sobre la conciencia, con llamamientos a la insurrección.


En los últimos años, se adoptaron formas de vinculación variadas. Desde las múltiples formas de colaboración: aporte económico, prestar su automóvil, o su casa para una reunión, casas para que vivan los combatientes clandestinos, o tareas de comunicaciones, conseguir armas, conseguir vituallas, medicinas, curar un herido. Hasta la incorporación a los grupos de combate, en los que también se articularon diferentes niveles de participación. Los grupos juveniles que actuaban en los barrios o cercanos a sus casas en hostigamientos a la guardia (comités de acción popular), o brigadas para acciones específicas o los guerrilleros clandestinos de tiempo completo, para acciones más complejas.


También se logró construir una política de alianzas con sectores de la burguesía, que comenzó a manifestar su descontento ante la voracidad económica y comercial de la Dictadura que invadía con la competencia desleal sus cotos de caza.


Fue muy importante el trabajo internacional para conseguir respaldo político, apoyo en la condena a la dictadura, y también para obtención de recursos.


Y finalmente la insurrección armada, que fue un gigantesco acto de masas, que involucró a decenas de miles de nicaragüenses en las más diversas tareas.







VI. LA REVOLUCION POPULAR SANDINISTA


La victoria del 19 de Julio de 1979 fue la conclusión e inicio de una gigantesca demostración de participación activa del pueblo. Para la realización de sus importantes tareas, contó siempre con la acción organizada de los sectores populares.


La Revolución fue inmediatamente asediada por las fuerzas más reaccionarias de los Estados unidos, particularmente desde que asume el poder Ronald Reagan, quien accede con un programa centrado en la recuperación de la hegemonía mundial, y que se propone a toda costa, aniquilar el proyecto de nación independiente que se inicia en nicaragua y amenaza con extenderse, sobre tres pilares:


* Economía Mixta
* Pluralismo Político
* No-alineamiento



El movimiento popular giró alrededor de las siguientes tareas:

- Defensa de la Revolución, inmediatamente agredida por los Estados Unidos, quienes organizaron rápidamente un ejército contrarrevolucionario con restos de la guardia somocista, con los sectores desplazados y campesinos descontentos. La defensa de la revolución se organizo a través de las milicias, las reservas y el servicio militar.


- La participación en la Cruzada de Alfabetización y las tareas de educación.


- La Reforma Agraria y la participación en jornadas productivas, cortes de café, algodón.


- La organización de ciudadanos se inicia, dando lugar a las grandes organizaciones de campesinos, obreros, estudiantes, mujeres, pobladores, hasta la organización cuadra por cuadra, para realización de tareas comunitarias. Todas girando alrededor de las grandes tareas revolucionarias.


- La creación de una nueva institucionalidad, a través de una nueva constitución y nuevas leyes.


- El desarrollo de una desafiante política internacional independiente, que le lleva a abrir relaciones con los países socialistas, de quienes empieza a recibir sustantiva ayuda.







VII: LECCIONES PARA LOS DESAFIOS DEL PRESENTE


El movimiento popular logró sostenerse en el poder hasta las elecciones de 1990. La razón fundamental de la derrota electoral fue el desgaste profundo en la capacidad de resistencia de la economía y la población, producto de las perdidas en vidas humanas, y la desesperante situación económica.


Esta derrota se produce en un contexto adverso a las ideas de cambio en el mundo. En Europa se produce el fin del socialismo real, y con ello cunde la sensación de que las fuerzas reaccionarias en el mundo han vencido. El paradigma de la revolución luce derrotado.


Sin embargo se considera que otros factores que incidieron estaban dados por debilidades internas del proceso mismo. Se descuido el trabajo sobre el factor conciencia, y la resistencia moral fue minada por errores en la conducción, soberbia en las actuaciones, y una excesiva preocupación por el control del poder, por el poder mismo. La dirigencia se fue distanciando de la base.


La Lucha librada por el pueblo Nicaragüense en sus diferentes etapas nos deja las siguientes enseñanzas:


Uno: Ganar la conciencia popular


La toma del gobierno por la vía de las armas o por la vía electoral, no significa de manera mecánica la garantía de las realizaciones esperadas por los sectores populares.


Tan o más importante que ganar el gobierno, es el trabajo sobre la conciencia entre la gente y entre sus líderes. No es casual que en las condiciones de la democracia liberal, la lucha por la toma del poder se presenta de manera exclusiva como la toma del gobierno por la vía electoral. Las armas o el voto no deben sustituir la conciencia.


En la actualidad, los partidos políticos, predominantemente, incluidos los partidos de izquierda, son arrastrados por la lógica del marketing político. Las campañas electorales se transforman en operaciones de mercadeo político.


Se ganen o se pierdan, las elecciones pasan y, con demasiada frecuencia, pasan bajo la forma de grandes frustraciones. Los intereses tácticos no deben oscurecer la prioridad que debe tener la inversión estratégica y de largo plazo del trabajo ideológico sobre la conciencia del militante y del ciudadano, para poder garantizar en el futuro las deseables y durables victorias.


Las realizaciones verdaderamente transformadoras y revolucionarias, son aquellas que los ciudadanos realizan por ellos mismos motivados por su conciencia.


No es posible realizar profundas transformaciones, aun cuando el gobierno se alcance por una mayoría electoral, sin una conciencia clara de la gente que le lleve proponer, impulsar, participar y defender como propias tales transformaciones.


En las nuevas condiciones, (vida pacifica, democracia y mercado) los liderazgos partidarios son mucho menos confiables y no ofrecen por sí mismos garantías suficientes para la satisfacción de las aspiraciones ciudadanas. La experiencia indica que la seguridad de los intereses populares depende de sus propias fuerzas, de su capacidad organizativa y de su voluntad de lucha, independientemente del gobierno de turno.


En la experiencia de Nicaragua, el pueblo antes de apropiarse de las fuerzas productivas y de las armas, se apropió primero de sentimiento y coraje, de símbolos e identidades, de proyectos y esperanzas, de una bandera roja y negra que se encubaba en el alma y se cultivaba en la calle, en la lucha contra la dictadura, el imperialismo y por cambiar la conducción de la sociedad, por la necesidad de insertarse en un mundo de relaciones económicas y políticas internacionales más justo y más fraterno, por el deseo de participar en las decisiones del estado y de la sociedad, y enrumbar a su país a favor de los intereses del pueblo en su conjunto.


El trabajo de concientización, la educación del pueblo por el pueblo mismo, desarrolla el potencial de transformación y cambio en los actores sociales. El trabajo sobre la conciencia que desemboca en la organización de los propios protagonistas es la clave de los cambios.


El poder, como control de aparatos, es solo una parte. Si se controla el poder pero se descuida el desarrollo del ser humano, de la conciencia, de la batalla de las ideas. Si se quiere construir una nueva sociedad sin cuestionar la base ideológica sobre el que se asienta el viejo modelo, al final seremos vencidos.


Dos. Una nueva horizontalidad


La concepción clásica de vanguardia es válida para algunos momentos, porque se necesita conducción desde fuera de los procesos, pero el protagonismo del propio pueblo no puede ser sustituido por una sola organización. Este es un tema en el que se impone una profunda revisión crítica.


Urge renunciar al vanguardismo y a las estériles pretensiones hegemonistas. Creo que es necesario renovar y actualizar la tolerancia en las relaciones políticas, entre los diversos agentes de la resistencia a los desmanes y caos producidos por el neoliberalismo.


Para quienes defendemos los intereses de las mayorías, las alianzas son necesarias pero no sólo para ganar elecciones: debemos priorizar a los sectores sociales organizados, con quienes es imprescindible establecer confiables y verdaderas alianzas estratégicas, con el fin cimero de transformar las estructuras económicas y sociales, en un nuevo contexto que ya ha puesto fin a la tradicional relación autoritaria y de subordinación vertical de aquellos a los partidos, para sustituirlas con relaciones horizontales de respeto, tolerancia y espíritu crítico.


La realidad nos conduce al reconocimiento de una nueva horizontalidad con una gran diversidad de nuevas prácticas, la emergencia nuevos sujetos económicos, políticos, sociales y culturales, alterándose de una manera que parece irreversible la realidad sociológica del mundo contemporáneo, con la consecuente pérdida del monopolio de los viejos sujetos y las formas tradicionales de la acción política.


Tres: La Juventud como protagonista


La experiencia nos enseña, que es entre los jóvenes donde encontramos la mayor capacidad de abnegación y sacrificio disponible en la sociedad frente al acomodamiento de la clase política, son ellos los más capaces para acometer la realización de tareas que a otras generaciones parecen imposibles.


Es esa juventud la depositaria de las mejores experiencias y por lo tanto, se transforma en exigente sujeto de la acción política y social, en un mundo donde frecuentemente están en crisis la ética y la credibilidad de los dirigentes sociales y de la clase política.


Es esa juventud la que ha probado estar mejor dispuesta en espíritu y energía para emprender la rebelión mundial frente a la mediatización de las luchas; frente a las mutaciones ideológicas de quienes alguna vez fueron dirigentes revolucionarios; frente a las claudicaciones políticas y el pragmatismo; frente a la búsqueda del poder por el poder mismo; frente a la defensa de los nuevos intereses frutos del ejercicio no siempre lícito ni legítimo del poder; frente a búsqueda sin principios de espacios de poder, frente a la mezquindad y el egoísmo; frente al abandono de la solidaridad como conducta ética y política; frente al sometimiento a los valores individualistas y mercantiles de la globalización neoliberal, frente a todos esas viejas enfermedades del capitalismo, convertidas ahora en verdaderas pestes planetarias.


Cuatro: Nuevas banderas


Las luchas en la sociedad contemporánea, no tienen como imperativo el diseño acabado de un nuevo paradigma (cosmovisión) como en el pasado.


Es fundamental desarrollar una actitud comprometida de resistencia permanente y organizada contra las múltiples formas de opresión de la mundialización capitalista. La resistencia de los pobladores del planeta ha comenzado, a través de innumerables iniciativas innovadoras, de procesos autónomos de reflexión y acción, los ciudadanos comienzan a reaccionar sin prejuicios ideológicos y sin exigir lealtades y obligaciones partidistas.


Las banderas de siempre, aquellas que desde el amor han inspirado cada rebelión contra el status quo:
- por la vida,
- contra la pobreza y por el progreso;
- contra la discriminación, la marginalidad y el atraso, por la igualdad de oportunidades para los ciudadanos y las naciones;
- contra la opresión y la dictadura, por la libertad, la independencia nacional y la soberanía, son ahora remozadas y enriquecidas por el vigor de las nuevas generaciones en cuyas manos se han transformado en inspiración de nuevas batallas sociales.


Mientras el sistema capitalista ha emprendido con éxito la tarea de demolición de las relaciones fraternas entre los seres humanos, de sus escombros surgen nuevas banderas tales como:
- Contra la Guerra y el hegemonismo, por la paz de los pueblos
- la lucha contra la corrupción, por la honestidad y la transparencia en la gestión pública;
- contra la dictadura de los hombres sobre las mujeres y de los padres sobre los hijos, por la plena igualdad de derechos entre los sexos, y el diálogo y la democratización de las relaciones familiares;
- contra la doble moral, la discriminación, el racismo y la xenofobia, por la tolerancia, la convivencia entre las razas y el respeto a las diferencias;
- contra la imposición de la fuerza militar y económica, por la fraternidad y la solidaridad entre los ciudadanos y las naciones.
- contra el oportunismo y la mentira, por consecuencia y por la sinceridad en las relaciones personales y políticas;
- contra la dilapidación de los recursos y el maltrato a las otras especies, por la defensa de la naturaleza y del medio ambiente;
- contra el «capital centrismo», por la autonomía regional y municipal.
- Este es el punto de partida ya iniciado por los y las ciudadanos, con el acompañamiento desde luego de los sectores más conscientes, a los cuales con toda seguridad veremos en el futuro dotados de un mayor grado de coherencia, y por qué no, con altos niveles de coordinación y quizás hasta referentes globales alternativos.



Cinco: Unidad no es unanimidad.


La unidad, proclamada frecuentemente en nuestros partidos y movimientos sociales como condición natural de la fortaleza interna y requerimiento para luchas victoriosas, se transforma muchas veces en la imposición de mayorías artificiales, en la exigencia de la unanimidad con el disfraz del consenso, en el aplastamiento de las minorías, en instrumento retardatario de la conciencia crítica, en la promoción del inmovilismo político, en la negación del derecho a la iniciativa por parte de los cuadros y bases de los partidos y sectores, en fin se convierte en demasiadas oportunidades, en el pretexto privilegiado de los órganos superiores, dirigencias y caudillos, para preservar el poder y aplicar sus criterios personales como decisiones del partido, al margen del criterio y la voluntad política de las bases.


La verdadera unidad no es la que resulta de la incondicionalidad. Así como la disciplina partidista no es una categoría superior a la lealtad a los principios, a las propias convicciones ideológicas y a la ética, la verdadera unidad es la que resulta de la coherencia entre la conciencia adquirida, el acuerdo y los intereses compartidos en la acción común.

Seis: el asedio perpetuo a la opresión.

Sería poco responsable, sin embargo, ocultar o disfrazar una realidad inobjetable: no hemos salido aún de un ya largo período de reflujo revolucionario, de euforia neoliberal y de hegemonía de la sociedad de mercado.


En estas condiciones, nos parece que la táctica para la promoción de los cambios es la del asedio permanente, multiclasista y multisectorial, a la hegemonía del capital y su cultura de opresión.


Por ello, el espíritu crítico y la actualización renovada de nuestros presupuestos teóricos, deben estar acompañados de una táctica política flexible, promotora del diálogo, del consenso y de la incorporación a la lucha de las más diversas expresiones posibles de rebeldía.


Desde la perspectiva del asedio a la opresión y al capital, deberíamos proponernos generar el hecho del cambio, el acto emancipador, hoy y ahora, en cada trecho, en cada espacio disponible, contemos o no con el concurso de las conocidas contradicciones de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, contemos o no, con la toma del poder político por un partido o una vanguardia, por los medios que fuese.


A nuestro juicio, es hora de avanzar en el quehacer transformador, hacia la disputa de todos los espacios, políticos, económicos o ideológicos. Hoy. Ahora mismo. Sin despreciar ninguna lucha, ningún acto de insubordinación. Sin actitudes excluyentes. Resistiendo y avanzando. Cuestionando lo opresivo y subyugante. Sin despreciar nada ni a nadie, dando lugar a todas las expresiones de la conciencia posible. Afirmándonos y revelándonos. Tejiendo sin prejuicios los vínculos entre los ciudadanos. Promoviendo la fraternidad, la audacia, la cooperación, la solidaridad entre quiénes luchan rebelándose al orden establecido. Afirmando los pasos y las ideas liberadoras. Creando las respuestas, inventando la esperanza.


Todas las vías están abiertas para insubordinarse, para intentar transformar las cosas y al mismo tiempo –lo cual me parece esencial- transformarnos nosotros mismos en permanentes sujetos de cambio, en la medida que somos portadores y ejemplo de ese cambio.


Mejor aun, como señala el compañero sandinista Orlando Núñez: «Desarrollar la audacia para deshacernos de la actual civilización y desprendernos de todos los «atavíos» para comenzar a construir una nueva forma de pensar, sentir, luchar y vivir, recurrir a la memoria histórica de la liberación hasta salirse de las rutas enajenadas cambiar de creencias, recuperar el goce del trabajo creativo, de las acciones compartidas desarrollar la ética de las alianzas de justicia popular a fin de recuperar el amor individual y colectivo».

Siete: sumarse a la rebelión


Tal pareciera que el más sano camino para seguir avanzando hacia la contribución por los cambios y por lo tanto a nuestra propia transformación como hombres y mujeres nuevas, es la que logra articular y combinar –con diálogo y tolerancia-- los mejores senderos de los caminos ya recorridos, y poniendo especial atención a los actos imprevisibles de la conciencia humana, que termina por rebelarse y que no acepta de manera indefinida la sumisión y la dependencia.


No se trata de erigir el pragmatismo y el espontaneísmo como paradigma de la acción transformadora. Se trata a nuestro juicio de afinar cada vez más nuestros sensores para percibir la acción renovadora de la conciencia crítica, empeñándonos en la tediosa y paciente tarea de organizar, concatenar y articular las nuevas ideas y los pluriclasistas actos de rebeldía.


Nuestra sugerencia no pretende tampoco hacer la apología de la acción en detrimento de la reflexión y la teoría. Tampoco somos nadie para pretender que los caminos tradicionalmente admitidos para la promoción de los cambios se encuentran definitivamente agotados.


Sin embargo, no deberíamos obviar por ejemplo, que los cambios revolucionarios no se agotan y ni siquiera se garantizan con las transformaciones de la economía, de la vida material, o la democratización del Estado. El universo subjetivo, el espacio de los valores, de los afectos, el mundo de la cultura, está siempre presente, activo, en los periodos de las luchas desde abajo y, con mayor razón, en la plenitud de los cambios desde arriba.


Permítanme, para concluir este ámbito de reflexiones, la siguiente respetuosa insinuación: a nuestras grandes referencias doctrinarias debemos sumarles la necesidad de su cuestionamiento crítico, y la constante contribución para su permanente adecuación y renovación.


Por otra parte, la poli diversidad de los actos de insumisión, su multisectorialidad, requieren del acompañamiento y de la indispensable labor intelectual comprometida, que contribuya a dar unidad y coherencia a semejante complejidad y desafío.

El camino y el desafió, por amor a la humanidad, sigue siendo el mismo, la lucha continua.



Managua, 29 de Septiembre 2003.

miércoles, 28 de enero de 2009

IDEARIO PROYECTO PUEBLO

DOCUMENTO DE IDEARIO
MOVIMIENTO MACROREGIONAL PROYECTO PUEBLO


PRESENTACIÓN

Sintiendo la ausencia de un proyecto que apunte a la construcción de una sociedad radicalmente democrática, con justicia social, intercultural y soberana; convencidos de la necesidad de refundar la política, entendiéndola como la multiplicación del poder del pueblo y su ejercicio soberano para decidir sobre su destino y vivir con dignidad; asumimos la tarea de construir un proyecto político desde el pueblo, viendo el escenario global desde este rincón de los andes, el Cusco.

Un solo proyecto político corre en el Perú, un proyecto excluyente, autoritario, venido de las clases dominantes, y que apunta a consolidarse en el Perú -a pesar de su fracaso global-: el neoliberal. Con la derrota y fracaso de los proyectos socialistas de fines de los años ochenta y los efectos de la guerra interna, este proyecto creció de la mano del nuevo capitalismo mundial; sin embargo hoy corre a contracorriente porque para principios de siglo, toma vigor el rearme político y teórico de los dominados. A lo largo y ancho del país y del continente latinoamericano, existen resistencias expresadas en potentes movimientos sociales y gobiernos que viran a la izquierda y que han logrado generar espacios para la creación de alternativas que aparecen como una superación de los viejos proyectos populares, recogiendo las tradiciones libertarias que aporta la tradición indígena, el marxismo latinoamericano, la teología de la liberación, el liberalismo republicano y el nacionalismo antiimperialista, sin encerrarse en dogmas, asumiendo además las luchas ecologistas, de género y de identidad cultural.

Estos movimientos continentales tienen denominadores comunes: Uno, la imperiosa necesidad de construir un orden global multipolar con pueblos y países soberanos democráticos y solidarios. Dos, la exigencia de construir una democracia sustantiva y real, de asumir los proyectos populares como fundamentalmente libertarios y como apuesta por destruir todas la formas de opresión en lo político, en lo cultural, en lo social y en lo económico. Tres, el considerar la reivindicación de los pueblos originarios y sus derechos colectivos como base fundamental de la refundación de los países latinoamericanos. Cuatro, asumir como plan mínimo la lucha contra el neoliberalismo y como plan máximo la superación no sólo de un modo de producción, sino del capitalismo como modelo civilizatorio que ha deshumanizado y mercantilizado el conjunto de la vida, que exacerba la violencia, destruye la diversidad cultural y nos ha puesto al borde de la destrucción del planeta.

En medio de la crisis que sacude a este modelo, apostamos por una propuesta que parta de nuestras raíces, recoja lo mejor de nuestra experiencia histórica y recupere los sueños y luchas de la humanidad. Nos asumimos como una parte más de ese torrente en el que deben confluir diversas fuerzas que den forma a una mayoría social y política que hagan posible cambios de fondo en el país, abra un nuevo curso histórico, construyendo así una patria para todos y todas.

Dentro de este escenario, Proyecto Pueblo surge de la necesidad de construir un proyecto político amplio, popular e integral que se constituya en un bloque político, social y cultural que recoja los anhelos de las grandes mayorías de nuestro país. Para ello, es indispensable desarrollar la actividad política sobre la base del respeto a las autonomías, la defensa y promoción de la diversidad, el rescate de nuestras tradiciones culturales, las formas de organización democráticas y horizontales, y el desarrollo de una vida política más allá de los espacios de nuestro limitado sistema político.

Marchando en esta dirección, Proyecto Pueblo pretende ser el resumen de las capacidades creativas y constructoras de un pueblo que va construyendo, aquí y ahora, experiencias económicas, culturales y sociales alternativas en los diferentes ámbitos de la vida y como tal se considera así mismo, un instrumento cimentado para aportar en esa perspectiva amplia e integral.

Dentro de este contexto y considerando que los espacios del Estado son importantes para el logro de determinados objetivos, Proyecto Pueblo también pretende constituirse en un instrumento político-institucional de ese bloque popular que sirve para disputar el espacio institucional desde lo local y lo regional, proponiendo, sobre la base de un horizonte compartido y una articulación programática, un gobierno popular. En este sentido su tarea es constituirse en una alternativa de gobierno, articulando las demandas sociales y culturales, y ser expresión de la construcción de una hegemonía alternativa que apuesta por la democratización de las relaciones sociales en todas sus dimensiones.

Es pues, una apuesta que agrupa a militantes populares, dirigentes barriales, trabajadores, campesinos e indígenas, mujeres, activistas políticos y culturales que, desde diversas experiencias confluimos en un espacio para potenciar y compartir nuestras luchas, sin abandonar sus contenidos estratégicos específicos. La disputa política institucional es importante para concretar un proyecto popular de cambio de nuestra sociedad. El movimiento popular necesita del ejercicio de gestiones orientadas a fortalecer el avance de sus luchas, de sus experiencias alternativas sin que eso signifique que se agota en ella, pues el poder constituido debe ser permanentemente rediseñado por ese poder constituyente que sólo ejerce y reside en el mismo pueblo.


IDEARIO


Las cusqueñas y cusqueños, las mujeres y hombres andinos, las peruanas y peruanos, los latinoamericanos, conformamos pueblos que sueñan su futuro, que de a poco retoman su destino inspirados en el legado de su historia, que pisan firme sobre la tierra y empiezan a asumir su herencia para construir a partir de ella su presente y su futuro.

Es precisamente desde el Cusco milenario, síntesis del esfuerzo civilizatorio del hombre y la mujer andinos, motivados por ese legado ancestral de Pachacutec Inca, por el afán libertario de Túpac Amaru y Micaela Bastidas, por los runas, trabajadores y mujeres que día a día generan la riqueza social y hacen posible la vida a pesar del oprobio, donde hoy, en medio de la mundialización neoliberal, se constituye un espacio más de confluencia para construir alternativas civilizatorias a este modelo de vida depredador, violento e irracional que nos impone el capitalismo.

Precisamente, recuperando la sabiduría que hay en nuestras raíces históricas, es que nos proponemos construir una propuesta raigal, asumiendo en este sentido un radical cuestionamiento al actual orden de vida, rescatando lo mejor de nuestra matriz civilizatoria: la vida en comunidad, la crianza de lo diverso, una relación armónica con la vida, la tierra y la naturaleza, una actitud frente al trabajo, que al estar puesto no en función del lucro sino del bien social, se convierte en fuente de satisfacción.

Obviamente, nuestra raíz y nuestro proyecto deben alimentarse de otras fuentes: las luchas universales por la emancipación en todos los planos de la vida, construidos sobre la base de ideas como la libertad, la igualdad y la fraternidad; las luchas de los pueblos sojuzgados y que han batallado a lo largo de la historia por su libertad y su dignidad; los sueños de tener una América Latina unida, solidaria y soberana; el ejercicio real de la democracia, la liberación del trabajo, las lucha de las mujeres contra el patriarcado, la diversidad sexual, entre tantas otros ejemplos que nos dicen que otro mundo es posible.

Queremos construir una sociedad justa y solidaria y para lograrlo nos planteamos los siguientes elementos que delinean nuestro horizonte:




1. El Poder popular, la democracia radical e integral, la emancipación humana, la autonomía individual y colectiva como norte fundamental

Nuestra apuesta está orientada al ejercicio concreto de la libertad de los individuos, las comunidades y los pueblos, ese anhelo tan humano de ser dueño de su propio destino, donde la libertad de uno no termine cuando empieza la del otro, como en la sociedad liberal, sino donde la libertad de unos es la condición de la libertad de otros.

Nuestro horizonte por tanto apuesta por la democratización radical de las relaciones sociales en todas sus esferas: en el trabajo, en el ámbito de la autoridad, entre géneros, entre naciones, entre culturas; significando esto la construcción de relaciones de poder solidarias y no opresivas, entendidas como la capacidad de desplegar la autonomía individual y colectiva, la creatividad y la imaginación, aboliendo toda forma de dominación.

Esta apuesta para nosotros se materializa en lo que se denomina poder popular o ejercicio concreto del poder por parte del propio pueblo, a través de espacios y métodos institucionales y no institucionales. Es la apuesta por su protagonismo, la conversión de las personas integrantes de un pueblo que dejan de ser objetos del poder para constituirse en sujetos. El poder popular es un medio y un fin en el que se hace concreta y radical la democracia como forma de convivencia y como forma de organizar la autoridad, el ejercicio soberano del poder.

Tenemos materia prima para poner en ejercitar el poder popular, se expresan en la forma de vida comunitaria, en el desarrollo de los movimientos sociales antineoliberales, anticapitalistas, en sindicatos que trasciendan las lógicas corporativas y economicistas, en los frentes de defensa que se constituyen en espacios públicos no estatales, en las gestiones municipales participativas y directas en cuanto al diseño, gestión y control de las políticas públicas. Ejemplos que antes de ser teorizados ya existían en Perú.

También se desarrolla en experiencias en las que el pueblo desarrolla su autonomía a través de formas de economía solidaria, social en la que las personas no son objetos de explotación sino sujetos creadores de riqueza social que el trabajo emancipa. En la gestión social, comunitaria de la salud, de la educación, de los espacios territoriales, de lo público estatal en general, en el ejercicio de los derechos, etc. en las experiencias de sociabilidad en la que las mujeres, los artistas, los jóvenes, las sexualidades diversas se expresan desarrollando la autonomía y la solidaridad.

Se trata en suma de un poder solidario que aumenta la potencia creativa del hombre para transformar su historia, que se contrapone y va más allá de las lógicas de la mercancía o del poder opresivo que surge de las instituciones políticas vigentes. La democracia sustantiva, para nosotros significa la alternativa para una convivencia en la que sea posible una relación creativa en medio de una gran diversidad. Los viejos proyectos modernizadores ya sea de derecha o izquierda consideraron la diversidad como una traba, por lo que apelaron a soluciones autoritarias en el país. Para nosotros la democracia y el poder popular, la transformación de los individuos y pueblos de "objetos" a sujetos sociales iguales y autónomos son, por el contrario, la posibilidad de construir una sociedad mejor.


2. La refundación de la política

La lógica del cálculo para arrebatarle el poder a los otros, el mero ejercicio representativo y la potestad de unos pocos de ejercer el control del Estado y que se materializa a través de elecciones, es un ejercicio de opresión sobre los otros y la gestión de lo establecido. Es una vieja forma de hacer política que debemos superar.

Reivindicamos la política como una capacidad creadora que se manifiesta en tanto en los ámbitos institucionales como en los sociales incluyendo la misma vida cotidiana. Es esa capacidad que se despliega para construir nuevas realidades, el ejercicio concreto de la libertad, de la autonomía y del poder popular yendo más allá de lo establecido, del poder constituido siendo un poder constituyente en permanente desarrollo.
Consideramos que la política está hecha de prácticas que involucran a las multitudes, a los pueblos, rescatando no sólo su relación con la búsqueda del bien común y por tanto con el consenso, sino también su carácter contradictorio y conflictivo, agonístico expresando la lucha de fuerzas, de proyectos de sociedad contrapuestos, expresándose en la lucha por construir correlaciones de fuerzas y hegemonías. Los grandes cambios históricos, que van de los micro a lo macro de lo local a lo global, son resultado de la construcción y movilización de voluntades colectivas, de la articulación de bloques sociales (clases en el sentido amplio) que se orientan a plasmar sueños colectivos.

Así, la política es en efecto, más que la gestión o los cubileteos de poder, es una capacidad creativa y transformadora que recorre todos los ámbitos de la vida social, es una apuesta por mejores formas de convivencia (con contenidos éticos y morales) que sin embargo se alimentan del conflicto y de las miradas diversas y contrapuestas, es la apuesta por constituir con pasión al pueblo (que se constituye y no existe de por sí) en un sujeto de poder para su emancipación.


3. Globalización alternativa, socialismo raigal, valores comunitarios

La globalización o mundialización capitalista aparece como un hecho incontrovertible, casi natural, anunciado incluso como el fin del proceso histórico expresado en la democracia liberal y el irrestricto libre mercado. Sin embargo, es resultado de una derrota no ineluctable de los proyectos populares del siglo pasado, así como de sus propios avances.

Lo cierto es que este mundo unipolar, basado en una economía trasnacionalizada, en la que los estados, pueblos y las personas son puestas al servicio de las ganancias de unas minorías que a través de la especulación, el colonialismo, el saqueo han constituido formas de desposesión de la riqueza social –y su privatización- que nos han llevado al estado actual de cosas: la polarización social creciente y la concentración del poder económico, político y cultural en unas minorías en detrimento de las mayorías, un estado de guerra permanente para protegerlos y aumentar sus ganancias, el agotamiento de nuestro cuerpo orgánico (la naturaleza) poniendo al límite de la destrucción a la raza humana, la destrucción de otras formas de vida y de las culturas a través de la imposición de una monocultura basada en el individualismo egoísta y cínico y en la cultura del consumo y de la explotación y conversión en mercancía del hombre y la naturaleza como legitima.

Sin embargo, frente a esta lógica suicida de quienes dominan el mundo, emergen también esfuerzos por construir una globalización alternativa, desde los pueblos, desde los movimientos sociales, desde países que empiezan a desmarcarse para recuperar márgenes de soberanía y autodeterminación.

Alrededor del mundo se han constituido redes, bloques regionales de movimientos y estados que cuestionan el neoliberalismo, que apuestan por reformar el orden mundial democratizándolo y buscan efectivizar políticas humanas. En este sentido existen diversas iniciativas de las que nos consideramos parte para construir un mundo en el que puedan vivir muchos mundos. Apostamos en este sentido por la globalización de la solidaridad y la libertad de los pueblos que implica no sólo soberanía política sino también cultural y alimentaria.

En nuestros países esa globalización capitalista y sus expresiones imperialistas se han implementado a través de la constitución de las áreas de libre comercio favorables siempre a los poderosos, de la militarización del continente y la criminalización de toda alternativa o lucha, de la balcanización territorial de nuestros países en una lógica de desposesión de las riquezas de nuestros pueblos. Sin embargo, debajo, en los resquicios, en las periferias de esa mancha monocroma que se expande persisten la sabiduría de nuestros pueblos, entre ellos el Cusco, su diversidad, los múltiples territorios habitados por los seres humanos que han construido sus experiencias comunitarias de vida, valores comunitarios, una relación diferente con el medio, constituyéndose en la base de la resistencia que nos plantean otras miradas que son la base para preservar la vida.

Es preciso fortalecer estas resistencias constituyendo un "socialismo raigal" recuperando la memoria, las tradiciones, los saberes, la historia, constituyendo una globalización distinta que algunos han llamado glocalización, en la que se constituyen nuevas formas de ciudadanía global desde los territorios concretos, donde sus habitantes, sus organizaciones, movimientos y comunidades se vuelven protagonistas centrales de otro tipo de desarrollo.


4. Identidad cultural, alternativa civilizatoria, interculturalidad, lo andino, amazónico, afro como base, unidad en la diversidad: todas las sangres

Reconstruir, recrear nuestras identidades y fortalecerlas es fundamental, cada una de ellas puede aportar en la (re) construcción de un mundo mejor.

El rescate de la cultura material, de los saberes tradicionales, de las instituciones y las formas de organización social, las visiones del mundo y las expresiones culturales que permitieron la reproducción de la vida en un medio complejo y agreste como el nuestro, es una necesidad para reinterpretarnos y transformarnos constituyendo una alternativa para el mundo hostil en el que nos desenvolvemos. La vida en comunidad, la crianza de lo diverso, la relación armónica con el medio ambiente, una actitud satisfactoria frente al trabajo, son claves en la definición del rumbo de la humanidad.

Sin embargo, esta forma de ver las cosas no en encaja en una visión colonial de nuestro país. La colonialidad se desarrolla en una relación entre un sujeto que somete, de distintas formas, a otro sujeto hasta convertirlo en un objeto; lo que se expresó y se expresa actualmente en el racismo y el desprecio de las otras culturas y se convierte en herramienta de imposición del poder occidental. En la tarea de aquel rescate material aparece el entendimiento de la interculturalidad que nos plantea superar esas viejas formas de colonialidad, dialogando, aprendiendo del otro y de cada experiencia de vida, de cada pueblo. El Perú es uno de los países en los que la contradicción colonial es aún persistente y constitutiva de los lazos sociales, siendo una urgencia enfrentarla.

Rescatar el legado andino-amazónico es una tarea crucial, sin embargo, además de la diversidad de este legado, nuestras sociedades han sido enriquecidas por la presencia de otras expresiones culturales como la occidental, la africana, la oriental que hacen parte también de nuestro ser.

La afirmación andina es fundamental pero también lo es el rescatar la idea de Arguedas de un "País de Todas las sangres". La lucha por construir otras relaciones entre las culturas, afirmándolas pero también poniéndolas en pie de igualdad, es decir democratizándolas, es un norte por el que debemos trabajar. La defensa de los derechos colectivos, la preservación de las organizaciones primordiales, los territorios, las expresiones y la autodeterminación en el marco de un país más inclusivo es fundamental proponiéndonos ir más allá de quienes toman el problema de la identidad y la afirmación de nuestra cultura como un medio demagógico y oportunista.


5. Naturaleza, crianza, convivencia

La naturaleza no es un objeto a dominar para los pueblos andinos y amazónicos como sí lo es dentro de la cultura occidental. Los hombres, los seres vivos e inertes son parte de un todo que están interrelacionado, dependiendo unos de otros, conviviendo y criándose. La tierra por ello es sagrada y fundamental para la existencia de la vida. El actual modo de vida dominante es en cambio depredador, va contra la naturaleza y por tanto contra el ser humano mismo, los considera mercancías intercambiables, usables y desechables. Lo que hemos conocido como desarrollo ha sido parte de esta lógica orientada a la producción infinita de mercancías en un medio finito, generando miseria, sufrimiento, destrucción en nombre de las ganancias.

Como ya se ha afirmado, la acumulación capitalista está pasando a asimilar bajo su lógica el mundo mismo de la vida, pretendiendo su transformación en mercancía en un proceso de desposesión en la que incluso el agua, fuente primordial de vida, pretende ser objeto de compraventa. Lo mismo ocurre con el patrimonio inmaterial y el patrimonio genético. La naturaleza fuente de vida de los pueblos, como en los albores de la modernidad capitalista, pretende ser cercada, expoliada en función de las ganancias de unas minorías desapareciendo especies diversas, deforestando, contaminando ríos desplazando a las comunidades humanas de sus territorios ancestrales.

Nuestra apuesta pasa por redefinir esta relación recuperando la concepción de nuestros pueblos, sabiduría que nos permitirá sobrevivir, replanteando nuestra forma de vida, nuestra concepción del desarrollo y de relación con las demás especies. La lucha ecológica, es una lucha política, indesligable del orden social. La actual situación del mundo es expresión de un orden social injusto y de la acumulación del poder por una minoría que está dispuesta a sacrificar a las grandes mayorías, a las futuras generaciones para mantener su forma de vida y sus privilegios. Reestablecer una relación armónica con la naturaleza pasa también por cambiar nuestra sociedad, y replantear el uso de la ciencia y la tecnología criticando sus preceptos coloniales, relacionándola fuertemente con la responsabilidad y la ética de la vida, y poniéndola al servicio del bienestar de todos es una tarea imprescindible para esto.


6. Refundación del país, integración latinoamericana, desde los pueblos

Nos proponemos replantear el Contrato social en el país denunciando la injusticia y la mentira de los sectores que han vivido de las inequidades existentes en el Perú, que se resiste a aceptar los derechos que los pueblos conquistaron a lo largo de siglos. La refundación del país es una necesidad asumiendo los cambios surgidos en las últimas décadas ante la decadencia de ese artefacto surgido de la modernidad: el Estado nación.

En efecto, el contexto nos lleva a pensar un Estado que en permanente proceso de transformación y democratización, está conformado por diversas naciones y pueblos que lo habitan, reconociendo que en su diversidad son capaces de construir visiones compartidas, que recoge sin aplastarlas o cooptarlas las culturas regionales y locales que hacen parte de su riqueza, otorgándoles niveles crecientes de decisión y autonomía (la descentralización).

A la vez comprendiendo las exigencias de construir un orden geopolítico justo y con soberanía que sólo se hace posible a través de la integración continental, con una integración desde los pueblos que va más allá de los intercambios comerciales y que implica relaciones solidarias de complementariedad, colaboración, articulación y fuerza antiimperialista. El sueño bolivariano, el sueño indoamericano de Mariátegui, es una tarea impostergable dentro de cual, debe enmarcarse la refundación del país pues las estrategias y los sueños de construir una patria también sigue siendo fundamental. Rechazamos las formas de descentralización cuyo objetivo es debilitar a los Estado, el que renuncia a sus responsabilidades, en consonancia con los dictados de la receta neoliberal y hacer gobernables a los pueblos a través de formas domesticadas de participación; nos afirmamos en las formas de descentralización que implican el ejercicio del autogobierno y que aportan a una equilibrada distribución territorial del poder y la riqueza.

La autonomía de los individuos y los pueblos no es posible sin la soberanía nacional y continental, constituyéndose el Estado en un parapeto para detener el proceso de globalización capitalista sin dejar de considerar que la maquinaria estatal siempre es opresiva. Por eso, se trata de luchar en el Estado, contra el Estado y más allá del Estado. Refundar el país pasa por constituir una nueva república, pluricultural, soberana, integrada a nuestra América, radicalmente democrática en la que se socializa permanentemente el poder, descentralizada, sin corrupción, donde la solidaridad es un valor central.

Con estas visiones, la construcción de las macroregiones con proyectos comunes en el sur, en el centro, en el norte, nacidos desde la misma "sociedad civil", desde abajo, desde adentro, es un imperativo. La fortaleza del pueblo peruano, hecho a su vez de muchos pueblos, además de su capacidad de soñar, esperanzarse y sacrificarse, es su inventiva, su capacidad de creación, teniendo el reto de dibujar un nuevo mapa, siguiendo el curso de lo que ya germinó naturalmente en el Perú a desdén de las políticas de Estado.



7. Estado social y democrático de derecho, derechos humanos, derechos colectivos, responsabilidades humanas

En concordancia con lo anteriormente dicho recogemos el aporte liberal que significa la implantación de un estado de derecho, es decir de la construcción de leyes que están por encima de intereses particulares y que permiten la convivencia basada en los derecho. Sin embargo, asumimos también que es el poder soberano del pueblo, el poder constituyente el que origina siempre y legitima el poder constituido siendo este último siempre imperfecto, estando en proceso de cambio y transformación de sus formas institucionales expresando la radicalización permanente de la democracia.

De la misma manera este estado de derecho tiene como fundamentos: su carácter social, su responsabilidad para satisfacer las condiciones de igualdad para todos los ciudadanos. No hay democracia posible con hambre, con inequidades, con abismales diferencias. Los deberes mínimos del Estado son garantizar la vida, la educación, la salud, la alimentación. De la misma manera una herramienta fundamental para pensar el Estado y un orden mejor es la declaración de los derechos humanos, no sólo civiles y políticos, sino también los derechos sociales ambientales y culturales. Estos derechos y su respeto son insoslayables, y su respeto y defensa es nuestro deber, su violación es imprescriptible y quienes la cometan deben ser sancionados no sólo judicialmente sino moralmente. La memoria de lo ocurrido en nuestro país debe ser levantada para que nunca más ocurra.

Los derechos colectivos, deben ser incorporados también en nuestra idea de estado de derecho. La doctrina liberal, eurocéntrica, burguesa no puede concebir derechos y formas de ciudadanía que no sean meramente individuales. Sin embargo, no sólo existen para nosotros los derechos individuales, sino también los derechos de los pueblos, de las colectividades de las comunidades. Derecho a tener su propia cultura, a tener territorio, a que el derecho a su especificidad sea intangible, sobre todo en un contexto en el que las transnacionales y los organismos financieros parecen tener más derechos y atribuciones que cualquier pueblo del mundo.

Finalmente, la noción de responsabilidad humana es también crucial. Hoy están en juego cosas que no sólo nos atañen a nosotros, sino a las generaciones posteriores, quienes desde ya tienen también derecho a vivir en un planeta saludable, en paz, en plenitud. La sociedad en la que vivimos parece decirnos que lo único importante es nuestro goce, no importa a qué costo. Nuestra apuesta en cambio tiene que ser de un compromiso ético con los que vienen, considerando que nuestras decisiones no sólo nos implican a nosotros. Esto hay que considerarlo, por ejemplo, con el manejo de nuestra amazonía, la explotación minera y muchos otros temas más.


8. Trabajo gratificante, Economía social, no depredadora, de productores

El trabajo en la sociedad occidental es un castigo bíblico. Siempre tomado con pesar, y no son razón, aún más en una sociedad donde el trabajo no es una gratificación social, es decir un aporte en el que uno se siente realizado porque es parte de su realización colectiva, y donde es más bien alienado, repetitivo, estúpido, en función de una sociedad de consumo y de “éxito”, que termina siendo de explotación y soledad. La lucha del trabajo contra el capital no sólo se relaciona con la disputa de la riqueza material que resulta de él, sino con el sentido del mismo, como una capacidad creativa, de realización que sirve para el común y no para la apropiación de un privado que la usa contra el propio trabajador. Por otra parte, nuestros antepasados también vieron el trabajo como parte de un goce colectivo, actitud enmarcada en la vivencia comunitaria, en armonía con la naturaleza y los otros seres con los que se convive. Es necesario rescatar el trabajo de las garras de la alienación capitalista y consumista, vinculándolo además con el gozo estético.

Esto nos lleva a plantear el tipo de economía por la que hay que apostar. Para empezar, esta debe estar basada en la solidaridad, que pone el bienestar colectivo e individual por delante. En segundo lugar, debe superar esa falta dicotomía de una economía que sólo puede ser estatista o de libremercado. Como se ha dicho hasta el cansancio, el mercado es una realidad en la sociedad moderna, ante la necesidad del intercambio; sin embargo, pretender que existen mercados perfectos que asignan casi como por arte de magia la riqueza es una farsa que se ha hecho cada vez más evidente y nos ha llevado a la actual crisis mundial, y ha permitido de manera obscena la concentración de la riqueza en muy pocas manos. Por otra parte, se ha confundido la economía socialista como una economía meramente estatista, es decir bajo el mando estatal que en los casos del socialismo real sólo permitió el enriquecimiento de la burocracia y la persistencia de la explotación y alienación del trabajo.

Para nosotros aparece como alternativa la llamada economía social, una economía que asume la realidad del mercado, y la necesidad de un Estado promotor del desarrollo, garante de una redistribución de la riqueza de manera justa y de la elaboración de las políticas estratégicas. Sin embargo, en ambos casos la economía debe estar bajo el control social y orientado a su bienestar. Tanto en la planificación como en la dinámica del mercado. Y por otra parte, la promoción de formas de economía solidaria, mediadas por la lógica de la ganancia, formas de economía asociativa en la que la gestión está a cargo del colectivo, en la que se intenta superar la explotación de unos por otros y se trata de superar la división del trabajo, haciendo de este fuente de aprendizaje, creatividad y realización colectiva. Aquí es necesario poner también sobre el tapete y en cuestión el desarrollismo, el productivismo que ya hemos visto cuan depredador es. Abogamos por el desarrollo humano, por el desarrollo local, por el desarrollo de las comunidades, por el desarrollo que es sustentable, por el desarrollo territorial y endógeno como herramienta para la soberanía económica de los pueblos, en manos de los productores.

Reivindicamos en este sentido la noción de productores que planteaba Mariátegui. La lucha de los trabajadores no es sólo por un mejor salario, es por el pan y la belleza. Nuestro pueblo ha demostrado la gran capacidad creativa que tiene, su capacidad de emprendimiento, su capacidad de sobrevivencia y de generación de riqueza social a pesar del Estado y del totalitarismo del mercado y a través de la solidaridad. Pero la batalla por el sentido de esta capacidad productiva, debemos reconocerlo, fue ganada por la ideología individualista del neoliberalismo. Es preciso recuperar para el campo popular la capacidad productiva de los emprendedores, que se vinculan a la sociedad, y que se asocian a otros para enfrentar la expoliación trasnacional.

Bajo estos lineamientos que trazan nuestro horizonte, es que buscamos desarrollar nuestra acción para construir un Cusco nuevo, dentro de un Perú y un mundo nuevo, una sociedad del pan y la belleza.
Comisión de ideario
Cusco, 29 de enero de 2009

viernes, 5 de diciembre de 2008

PROPUESTA DE DOCUMENTO DE IDEARIO, PROGRAMA Y ESTRATEGIA DE PROYECTO PUEBLO

PRESENTACIÓN:


Ante la ausencia de una alternativa, de un proyecto popular para construir una sociedad radicalmente democrática, con justicia social, intercultural, soberana; convencidos de la necesidad de cumplir con la tarea de refundar la política, entendiéndola como la multiplicación del poder del pueblo y su ejercicio soberano para decidir sobre su destino y vivir con dignidad; asumimos la tarea de construir una alternativa popular, un proyecto desde el pueblo.

Un solo proyecto hay en carrera ahora en el país: el proyecto excluyente, autoritario, antipopular de las clases dominantes que ha tomado el nombre de neoliberalismo. Con la derrota y fracaso de los proyectos populares de fines de los años ochenta y los efectos de la guerra interna, en el Perú se implementó de la mano de la nueva mundialización capitalista, un modelo de país al servicio de los grupos de poder de la burguesía transnacionalizada.

Esto empieza a cambiar con el rearme político y teórico de los dominados. A lo largo y ancho de la escena mundial contemporánea, existen resistencias expresadas en nuestro continente en potentes movimientos sociales y gobiernos populares que han logrado generar espacios para la construcción de alternativas que aparecen como una superación de los viejos proyectos del campo popular, recogiendo las tradiciones libertarias que aporta la tradición indígena, el marxismo latinoamericano, la filosofía y teología de la liberación, el liberalismo republicano y el nacionalismo antiimperialista y latinoamericanista, sin encerrarse en dogmas, asumiendo además las luchas ecologistas, de género, de identidad cultural, etc, teniendo entre sus orientaciones:

la exigencia de construir una democracia sustantiva, real; de asumir los proyectos populares como fundamentalmente libertarios y como apuesta por destruir todas la formas de opresión en lo político, en lo cultural, en lo social, en lo económico; de considerar, en este sentido, la reivindicación de los pueblos originarios y sus derechos colectivos como base fundamental de la refundación de nuestros países; la urgencia de construir un orden global multipolar, con pueblos, países soberanos democrático y solidario; de asumir como plan mínimo la lucha contra el neoliberalismo y como plan máximo la superación no sólo de un modo de producción sino del capitalismo como modelo civilizatorio que ha deshumanizado y mercantilizado el conjunto de la vida, que exacerba la violencia, destruye la diversidad cultural y nos ha puesto al borde de la destrucción de la naturaleza, nuestro cuerpo orgánico, nuestra madre.

En medio de la crisis económica y política que hoy sacude al mundo, con un modelo de vida depredador, violento e irracional apostamos a construir una propuesta que parta de nuestras raíces, recoja lo mejor de nuestra experiencia histórica y recupere lo mejor de los sueños y luchas de la humanidad. Nos asumimos como una parte más de ese torrente en el que deben confluir diversas fuerzas que den forma a una mayoría social y política que hagan posible cambios de fondo en el país, abra un nuevo curso histórico, construyendo así una patria para todos y todas.

Proyecto Pueblo surge del convencimiento de que es necesario construir un proyecto popular amplio, integral que se constituya en un bloque político, social y cultural que recoja los anhelos de las grandes mayorías de nuestro país, articulando sobre la base del respeto a la autonomía, la defensa y promoción de la diversidad, el rescate de nuestras tradiciones culturales, las formas de organización democráticas y horizontales, y la apuesta de desarrollar una política más allá de los espacios de nuestro limitado sistema político, que sea el despliegue las capacidades creativas y constructoras de nuestro pueblo que en los diferentes ámbitos de la vida va construyendo en el aquí y ahora el poder del pueblo y experiencias que son alternativas económicas, culturales, sociales, de sociabilidad concretas que van constituyéndose en la base de una sociedad.

Sin embargo, Proyecto Pueblo como organización, es simplemente un instrumento construido para aportar en esa perspectiva amplia e integral, pero también desde su propia especificidad. Proyecto Pueblo pretende constituirse en un instrumento político-institucional de ese bloque popular que sirve para disputar el espacio institucional desde lo local y lo regional, proponiendo, sobre la base de un horizonte compartido (un ideario), en base a una articulación programática, un gobierno popular. En este sentido su tarea es constituirse en una alternativa de gobierno, articulando las demandas sociales y culturales, y ser expresión de la construcción de una hegemonía alternativa que apuesta por la democratización de las relaciones sociales en todas sus dimensiones.

Es pues una apuesta que agrupa a militantes populares, dirigentes barriales, trabajadores, campesinos e indígenas, mujeres, activistas políticos y culturales que, desde diversas experiencias confluimos en un espacio para potenciar y compartir nuestras luchas, sin abandonar sus contenidos estratégicos específicos. La disputa política institucional es fundamental para concretar un proyecto popular de cambio de nuestra sociedad, el movimiento popular necesita del ejercicio de gestiones orientadas a fortalecer el avance de sus luchas, de sus experiencias alternativas y el ejercicio y ampliación del poder popular. Sin embargo, no se agota en ella, pues el poder constituido debe ser permanentemente rediseñado por ese poder constituyente que sólo ejerce y reside en el mismo pueblo.

NUESTRO IDEARIO :

Movimiento Macro-regional Proyecto Pueblo


( Nota: Un “ideario”, a diferencia de una “ideología”, no es un conjunto de ideas sistemáticas y cerradas, es más bien un conjunto de ideas, sueños, anhelos, deseos que se proyectan hacía el futuro de manera abierta y constituyen las piedras de nuestras utopías, de nuestro mito, de nuestros sentimientos, de nuestra identidad, de nuestra mística que se presentan como exigencias a ser planteadas y permanentemente discutidas, como orientaciones propias de la imaginación y la creatividad que partiendo de la realidad la cuestionan abriendo nuevos derroteros superándola.
Sin embargo, esto no quiere decir que no opere en la realidad material, son estos “horizontes de sentido” más bien los que orientan nuestro quehacer concreto, nuestros principios y exigencias estratégicas, nuestros lineamientos programáticos, nuestras luchas concretas y cotidianas. Si alguna derrota han sufrido las apuestas libertarias en nuestra reciente historia, ésta ha sido resultado de la captura del imaginario, de las subjetividades por el horizonte de sentido producido por la civilización capitalista.)


Las cusqueñas y cusqueños, las mujeres y hombres andinos, las peruanas y peruanos, los latinoamericanos, conformamos pueblos que sueñan su futuro, que de a poco retoman su destino inspirados en el legado de su historia, que pisan firme sobre la tierra y empiezan a asumir su herencia para construir a partir de ella su presente y su futuro.

Es precisamente desde el Cusco milenario, síntesis del esfuerzo civilizatorio del hombre y la mujer andinos, infundidos por ese legado ancestral de Pachacutec Inca, por la dignidad y el afán libertario de Túpac Amaru y Micaela Bastidas, por los runas, trabajadores y mujeres que día a día generan la riqueza social y hacen posible la vida a pesar de la opresión, donde hoy, en medio de la mundialización neoliberal, se constituye un espacio más de confluencia para construir alternativas civilizatorias a este modelo de vida depredador, violento e irracional que nos impone el capitalismo.

Justamente, recuperando esa sabiduría que se halla en nuestras raíces, es que consideramos que debemos construir una propuesta raigal, asumiéndose también en este sentido de radical cuestionamiento al actual orden de vida, rescatando lo mejor de nuestra matriz civilizatoria: la vida en comunidad, la crianza de lo diverso, una relación sagrada con la vida, la tierra y la naturaleza, una actitud frente la trabajo que al estar puesto no en función del lucro sino del bien social se convierte en fuente de satisfacción.

Pero, obviamente, nuestra raíz y nuestro proyecto debe alimentarse de otras fuentes: de las luchas universales por la emancipación en todos los planos de la vida construidos sobre la base de ideas como la libertad, la igualdad, la fraternidad, el ejercicio real de la democracia, la liberación del trabajo, la lucha de las mujeres contra el patriarcado, por la diversidad sexual, etc. De las luchas de los pueblos sojuzgados y que han luchado a lo largo de la historia por su libertad y su dignidad. De los sueños de tener una América Latina unida, solidaria y soberana.

En este sentido, proponemos como algunos ejes de ese horizonte de sociedad que queremos empezar a construir desde ahora los siguientes:

1. El Poder popular, la democracia radical e integral, la emancipación humana, la autonomía individual y colectiva como norte fundamental.

Nuestra apuesta está orientada al ejercicio concreto de la libertad de los individuos, las comunidades, los pueblos, ese anhelo tan humano de ser dueño de su propio destino, donde la libertad de uno no termina cuando empieza la del otro, como en la sociedad liberal, sino donde la libertad de unos es la condición de la libertad de otros. Nuestro horizonte por lo tanto apuesta por la democratización radical de las relaciones sociales en todas sus esferas: en el trabajo, las relaciones entre culturas, entre géneros, con la naturaleza, en el ámbito de la autoridad, entre naciones significando esto la construcción de relaciones de poder solidarias y no opresivas, entendidas como capacidad de desplegar la autonomía individual y colectiva, la creatividad, la imaginación, aboliendo las formas de dominación.

Esta apuesta para nosotros se materializa en lo que se denomina “poder popular”. El poder popular es el ejercicio concreto, a través de espacios institucionales y no institucionales, del poder por parte del propio pueblo, es la apuesta por su protagonismo, es la construcción de sujetos que dejan de ser objetos del poder para constituirse en sujetos. El poder popular es un medio y un fin en el que hace concreta y radical la democracia como forma de convivencia y como forma de organizar la autoridad, el ejercicio soberano del poder.

En nuestro caso, tenemos materia prima con la cual construir nuestras propias formas de ejercicio de poder popular que se puede expresar en el poder comunitario, en el desarrollo de los movimientos sociales antineoliberales, anticapitalistas, en sindicatos que trasciendan las lógicas corporativas y economicistas, en los Frentes de Defensa que se constituyen en espacios públicos no estatales, en las experiencias de gobierno local y regional en los que se han desarrollado formas de democracia participativa y directa tanto en los marcos institucionales como no institucionales a través del diseño, gestión y control de las políticas públicas. También en las formas nuevas de institucionalidad que expresan formas más sustantivas del ejercicio de la democracia.

También se desarrolla en experiencias en las que el pueblo desarrolla su autonomía a través de formas de economía solidaria, social en la que las personas no son objetos de explotación sino sujetos creadores de riqueza social que el trabajo emancipa. En la gestión social, comunitaria de la salud, de la educación, de los espacios territoriales, de lo público estatal en general, en el ejercicio de los derechos, etc. De la misma manera en las luchas sociales a través de las que se expresa el soberano, y en las experiencias de sociabilidad en la que las mujeres, los artistas, los jóvenes, las sexualidades diversas se expresan desarrollando la autonomía y la solidaridad.

El poder popular es un poder solidario que aumenta la potencia creativa del hombre para transformar su historia, que negocia, se contrapone y va más allá de las lógicas de la mercancía, o del poder opresivo que surge de las instituciones políticas vigentes. La democracia sustantiva, para nosotros significa la única alternativa para una convivencia en la que sea posible una relación creativa en medio de una gran diversidad. Los viejos proyectos modernizadores ya sea de derecha o izquierda consideraron la diversidad como una traba, por lo que apelaron a soluciones autoritarias en el país. Para nosotros la democracia y el poder popular, la transformación de los pueblos de “objetos” a sujetos sociales en pie de igualdad y ejercicio de autonomía son la única posibilidad de construir una sociedad mejor.

2. La refundación de la política

La mera lógica del cálculo para expropiar el poder a los otros, como mero ejercicio representativo y potestad de unos pocos que se materializa a través de elecciones y el control del Estado no es para nosotros la política o en todo caso es una vieja política que debemos superar, es más bien un mero ejercicio de opresión sobre otros y gestión de lo establecido.

En este sentido reivindicamos la política como una capacidad creadora que implica tanto los ámbitos institucionales, como otros ámbitos sociales incluyendo la vida cotidiana. Es esa capacidad que es la vida misma y que se despliega para construir nuevas realidades y es ejercicio concreto de la libertad, de la autonomía y del poder popular yendo más allá de lo establecido, del poder constituido siendo un poder constituyente en permanente desarrollo.

Sin embargo, también consideramos que la política son prácticas que involucran a las multitudes, a los pueblos, rescatando no sólo su relación con la búsqueda del bien común y por tanto con el consenso, sino también su carácter contradictorio y conflictivo, agonístico expresando la lucha de fuerzas, de proyectos de sociedad contrapuestos, expresándose en la lucha por construir correlaciones de fuerzas, por constituir hegemonía. Los grandes cambios históricos, que recorren desde las prácticas a nivel micro hasta las que se desenvuelven a nivel macro, son resultado de la construcción y movilización de voluntades colectivas, de la articulación de bloques sociales (clases en el sentido amplio) que se orientan a plasmar sueños colectivos.

Así, la política es en efecto, más que la gestión o los cubileteos de poder, es una capacidad creativa y transformadora que recorre todos los ámbitos de la vida social, es una apuesta por mejores formas de convivencia (con contenidos éticos y morales) que sin embargo se alimentan del conflicto y de las miradas diversas y contrapuestas, es la apuesta por constituir con pasión al pueblo (que se constituye y no existe de por sí) en un sujeto de poder para su emancipación.

3. Globalización alternativa, socialismo raigal, valores comunitarios

La globalización o mundialización capitalista aparece como un hecho incontrovertible, casi natural, anunciado incluso como el fin del proceso histórico expresado en la democracia liberal y el irrestricto libre mercado. Sin embargo, es resultado de una derrota no ineluctable de los proyectos populares del siglo pasado, así como de sus propios avances. Lo cierto es que este mundo unipolar, basado en una economía trasnacionalizada, en la que los estados, pueblos y las personas son puestas al servicio de las ganancias de unas minorías que a través de la especulación, el colonialismo, el saqueo han constituido formas de desposesión de la riqueza social –y su privatización- que nos han llevado al estado actual de cosas: la polarización social creciente y la concentración del poder económico, político y cultural en unas minorías en detrimento de las mayorías, un estado de guerra permanente para garantizarlos y aumentar sus ganancias, el agotamiento de nuestro cuerpo orgánico (la naturaleza) poniendo al límite de la destrucción a la raza humana, la destrucción de otras formas de vida y de las culturas a través de la imposición de una monocultura basada en el individualismo egoísta y cínico y en la cultura del consumo y de la explotación y conversión en mercancía del hombre y la naturaleza como legitima.

Sin embargo, frente a esta lógica suicida de quienes dominan el mundo, emergen también esfuerzos por construir una globalización alternativa, desde los pueblos, desde los movimientos sociales, desde países que empiezan a desmarcarse para recuperar márgenes de soberanía y autodeterminación. Redes por todo el mundo se han constituido, bloques regionales de movimientos y estados que cuestionan el neoliberalismo, que apuestan por reformar el orden mundial democratizándolo y buscan efectivizar políticas humanas y democratizadoras. Diversas iniciativas existen en este sentido, de las que nos consideramos parte para construir Otro mundo, que es posible y necesario, así como un mundo en el que quepan muchos mundos. Apostamos en este sentido por una globalización efectiva de la solidaridad y la libertad desde los pueblos.

En nuestros países esa globalización capitalista y sus expresiones imperialistas se han implementado a través de la constitución de las áreas de libre comercio, favorables siempre a los poderosos, de la militarización del continente y la criminalización de toda alternativa o lucha, de la balcanización territorial de nuestros países en una lógica de desposesión de las riquezas de nuestros pueblos. Sin embargo, debajo, en los resquicios, en las periferias de esa mancha monocroma que se expande persisten la sabiduría de nuestros pueblos, su diversidad, los múltiples territorios habitados por los seres humanos que han construido sus experiencias constituyendo comunidades de vida, valores comunitarios, una relación diferente con el medio, constituyéndose en la base de la resistencia que nos plantean otras miradas que son la base para preservar la vida.

Es preciso fortalecer estas resistencias constituyendo un “socialismo raigal” recuperando la memoria, las tradiciones, los saberes, la genética, la historia constituyendo una globalización distinta que algunos han llamado glocalización, en la que desde los territorios concretos se constituyen nuevas formas de ciudadanía global, donde sus habitantes, sus organizaciones, movimientos y comunidades se vuelven protagonistas centrales de otro tipo de desarrollo.

4. Identidad cultural, alternativa civilizatoria, interculturalidad, colonialidad, andino, amazónico, afro, derechos colectivos, todas las sangres

Reconstruir, recrear nuestras identidades y fortalecerlas es fundamental, sobre todo en desde un lugar que es fuente de una matriz civilizatoria que puede aportar en la (re) construcción de un mundo mejor. El rescate de la cultura material, de los saberes tradicionales, de las instituciones y las formas de organización social, las visiones del mundo y las expresiones culturales como el idioma entre otros que permitió la reproducción de la vida en un medio complejo, diverso como el nuestro es una necesidad para reinterpretarnos y transformarnos constituyendo una alternativa para el mundo hostil en el que nos desenvolvemos. La vida en comunidad, la crianza de lo diverso, una relación sagrada con la vida, la tierra y la naturaleza, una actitud frente la trabajo que al estar puesto no en función del lucro sino del bien social se convierte en fuente de satisfacción son claves que pueden ayudar a definir el rumbo de la humanidad y son parte de nuestro legado que deben ser recuperadas.

Sin embargo, esto en un marco en el que la interculturalidad es una forma de relacionarse y actuar frente a los otros. La interculturalidad es lo opuesto a la colonialidad. En la colonialidad la relación se desarrolla entre un sujeto y un objeto que se somete al primero, siendo esta lógica constitutiva de la modernidad para la que fue preciso establecer el racismo y el desprecio de las otras culturas como herramienta de imposición del poder occidental. La interculturalidad nos plantea superar el racismo, aprender del otro, dialogar y enriquecerse democráticamente de esa experiencia. El Perú es uno de los países en los que la contradicción colonial es aún persistente y constitutiva de los lazos sociales, siendo una urgencia que esta se resuelva.

Rescatar el legado andino-amazónico es una tarea crucial, sin embargo, además de la diversidad de este legado, nuestras sociedades han sido enriquecidas por la presencia de otras expresiones culturales como la occidental, la africana, la oriental que hacen parte también de nuestro ser. La afirmación andina es fundamental pero también lo es el rescatar la idea de Arguedas de un “País de Todas las sangres”. La lucha por construir otras relaciones entre las culturas, afirmándolas pero también poniéndolas en pie de igualdad, es decir democratizándolas es un norte por el que debemos trabajar. La defensa de los derechos colectivos, la preservación de las organizaciones primordiales, los territorios, las expresiones y la autodeterminación en el marco de un país más inclusivo es fundamental proponiéndonos ir más allá de quienes toman el problema de la identidad y la afirmación de nuestra cultura como un medio demagógico y oportunista.

5. Naturaleza, crianza, convivencia,

La naturaleza, a diferencia de la cultura occidental, para nuestros pueblos no es un objeto a dominar, los hombres, todos los seres vivos e inertes son parte de un todo que está interrelacionado, dependiendo unos de otros, conviviendo y criándose. La tierra por ello y todo lo que en ella hay es sagrado, fundamental para la existencia de la vida. El actual modo de vida dominante es en cambio depredador, va contra la naturaleza y por tanto contra el ser humano mismo, los considera mercancías intercambiables, usables y desechables. Lo que hemos conocido como desarrollo ha sido parte de esta lógica orientada a la producción infinita de mercancías en un medio finito, generando miseria, sufrimiento, destrucción en nombre de las ganancias.

Como ya se ha afirmado, la acumulación capitalista está pasando a asimilar bajo su lógica el mundo mismo de la vida, pretendiendo su transformación en mercancía en un proceso de desposesión en la que incluso el agua, fuente primordial de vida, pretende ser objeto de compraventa; igualmente ocurre con el patrimonio inmaterial, el patrimonio genético; o la educación y la salud, etc. La naturaleza fuente de vida de los pueblos, como en los albores de la modernidad capitalista, pretende ser cercada, expoliada en función de las ganancias de unas minorías (en la minería, la tala de árboles, etc), desapareciendo especies diversas, deforestando, contaminando ríos desplazando a las comunidades humanas de sus territorios ancestrales.

Nuestra apuesta pasa por redefinir esta relación recuperando la concepción de nuestros pueblos, sabiduría que nos permitirá sobrevivir, replanteando nuestra forma de vida, nuestra concepción del desarrollo y de relación con las demás especies. La lucha ecológica, es una lucha política, indesligable del orden social. La actual situación del mundo es expresión de un orden social irracional e injusto y de la acumulación del poder por una minoría que está dispuesta a sacrificar a las grandes mayorías, a las futuras generaciones para mantener su forma de vida y sus privilegios. Reestablecer una relación armónica con la naturaleza pasa también por cambiar nuestra sociedad.

6. Refundación del país, integración latinoamericana, desde los pueblos

Nos proponemos replantear el Contrato social en el país denunciando la injusticia y la mentira de los sectores que han vivido de las inequidades existentes en el Perú, que se resiste a aceptar los derechos que los pueblos conquistaron a lo largo de siglos. La refundación del país es una necesidad asumiendo los cambios surgidos en las últimas décadas ante la decadencia de ese artefacto surgido de la modernidad: el Estado nación.

En efecto, el contexto nos lleva a pensar un Estado que en permanente proceso de transformación y democratización, está conformado por diversas naciones y pueblos que lo habitan, reconociendo que en su diversidad son capaces de construir visiones compartidas, que recoge sin aplastarlas o cooptarlas las culturas regionales y locales que hacen parte de su riqueza, otorgándoles niveles crecientes de decisión y autonomía (la descentralización).

A la vez comprendiendo las exigencias de construir un orden geopolítico justo y con soberanía que sólo se hace posible a través de la integración continental, con una integración desde los pueblos que va más allá de los intercambios comerciales y que implica relaciones solidarias de complementaridad, colaboración, articulación y fuerza antiimperialista. El sueño bolivariano, el sueño indoamericano de Mariátegui, es una tarea impostergable dentro de la que debe moverse la refundación del país pues las estrategias y los sueños de construir una patria también sigue siendo fundamental. Rechazamos las formas de descentralización cuyo objetivo es debilitar a los Estado en consonancia con los dictados de la receta neoliberal, afirmando las que aportan a una más equilibrada distribución territorial del poder y la riqueza.

La autonomía de los individuos y los pueblos no es posible sin la soberanía nacional y continental, constituyéndose el Estado en un parapeto para detener el proceso de globalización capitalista sin dejar de considerar que la maquinaria estatal siempre es opresiva. Por eso, se trata de luchar en el Estado, contra el Estado y más allá del Estado. Refundar el país pasa por constituir una nueva república, pluricultural, soberana, integrada a Nuestra América, radicalmente democrática en la que se socializa permanentemente el poder, descentralizada, sin corrupción, donde la solidaridad es un valor central.

La construcción de macroregiones con proyectos comunes en el sur, en el centro, en el norte, nacidos desde la misma “sociedad civil”, desde abajo, desde adentro, es un imperativo. La fortaleza del pueblo peruano, hecho a su vez de muchos pueblos, además de su capacidad de soñar, esperanzarse y sacrificarse, es su inventiva, su capacidad de creación, teniendo el reto de dibujar un nuevo mapa, siguiendo el curso de lo que ya germinó naturalmente en el Perú a desdén de las políticas de Estado.

7. Estado social y democrático de derecho, derechos humanos, derechos colectivos, responsabilidades humanas
8. Trabajo gratificante, Economía social, no depredadora, de productores

miércoles, 19 de noviembre de 2008

15 MOTIVOS PARA APOSTAR POR EL SOCIALISMO / COLECTIVO AMAUTA

15 motivos para apostar por el socialismo
Colectivo Amauta

1.-La vida merece ser vivida, y las condiciones en que discurre pueden ser mejoradas. (Esta es una "creencia" nuestra -y afortunadamente de la mayor parte de seres humanos- cuya "verdad" ninguna teoría podría demostrar. Si alguien sostuviera lo contrario, no habría manera de refutar su pesimismo, pues los hechos también le darían respaldo. En realidad, es fácil notar que los hechos darían sustento a cualquier postura -pesimista y nihilista, u optimista y afirmadora-. Se trata pues de una fe, de una apuesta vital, sin la cual todo nuestro discurso se quedaría sin fundamento. Viene a ser una suerte de "axioma" que sostiene las demás tesis y que hoy más que nunca debemos afirmar, pues apostar por la vida es cuestionar este orden que le es adverso) (Por lo mismo, cabe deslindar con el cientificismo, notando que el socialismo no es una "ciencia", ni tiene su fundamento último en la ciencia. Mariátegui tenía razón en ello: es más bien un mito , y como tal supone otro tipo de "sabiduría", vinculado a los fines de la existencia. Claro que un socialista puede hacer uso de la ciencia moderna -con la cautela que supone tratar con un soporte fundamental del poder-, pero también lo haría un liberal, un stalinista o un fascista, ya sabemos hasta qué grado de horror. Esto es posible porque las tecnociencias no nos dicen nada en relación a cual debe ser el sentido de nuestra acción, su horizonte último . Sólo quien ignora eso puede seguir discutiendo sobre si su socialismo es "científico" o no, y excomulgando al que "se desvía" de lo que él cree que es la cientificidad.

2.-Las actuales condiciones de vida en el marco de dominación capitalista promueven y agudizan dosis innecesarias de represión y sufrimiento. (Creemos que la superioridad del socialismo consiste en promover relaciones sociales favorables a la pacificación de la existencia humana. No es que pretendamos instalarnos un buen día en el paraíso, convertidos todos en "nuevos hombres" "incorruptibles" -pretensión inhumana que conduce al totalitarismo-; si aquel mundo pudiera realizarse sería además insoportablemente gris y aburrido . Reivindicamos al ser humano de carne y hueso, con sus alturas y sus abismos. Como decía Marx: "nada humano nos es ajeno". Pero nos parece terriblemente irracional e innecesario el grado de violencia en que discurre hoy en día la vida; que el incremento acelerado de la productividad durante al menos los dos últimos siglos, no haya traido consigo la liberación del trabajo como fuente de goce ni el disfrute creador del tiempo libre, sino la intensificación del trabajo enajenante, la adicción al consumo estupidizante o la exclusión del acceso al empleo. No aceptamos que para mantener andando su maquinaria de poder, el capitalismo exija el sacrificio constante de nuestras vidas en el altar del productivismo y el consumo superfluo; que nuestras energías y la biósfera entera sean consumidas con voracidad por el moderno ídolo del capital, que existe a condición de crecer y crecer sin límites. Por ello, denunciamos este orden como incompatible con la pacificación de la existencia)

3.-Este orden de dominación es esencialmente contingente pues se sustenta en condiciones históricas muy específicas y transitorias. No es fatalmente necesario ni inevitable -pudo no ser y puede dejar de ser- y, por tanto, puede y debe ser cambiado .(Pues bien, sostenemos que no hay "una" dirección necesaria en que debió discurrir la historia. Es decir, mandamos al diablo aquella falsificación del pensamiento de Marx que los burócratas comunistas denominaron "materialismo histórico". Lo mandamos al diablo por contrarevolucionario; porque hasta nosotros llega el eco de voces enmudecidas, de aquellos que "perdieron" en el pasado batallas que sentimos nuestras, de aquellos que lucharon por mundos alternativos que "pudieron ser"; porque nosotros retomamos en cada instante su lucha. Si aceptáramos que la historia tuvo que ser como fue, sería como volver a matar a nuestros muertos, justificando las victorias que condujeron al actual orden de dominación. Si es justo todo aquello que triunfa por el sólo hecho de haber triunfado, nada tendríamos que hacer, sino subirnos al carro de los vencedores o aspirar a instaurar nuestro propio orden de dominación. Nada de eso se condice con una apuesta libertaria. Ahora, cuando nos dicen que este orden de vida tuvo que imponerse "necesariamente" por ser el mejor, el más eficaz, etc, debemos denunciar juntamente con su caracter depredador, destructor de la vida y generador de colosales desechos materiales y espirituales -y por tanto ineficaz-, la falacia de su "necesidad", su condición precaria, pues el supuesto fundamental que lo mantiene en pie: que es posible el crecimiento económico indefinido, es además de indeseable, insostenible. En el fondo, este orden es terriblemente debil como todo aquello que se sustenta en la violencia y la imposición, pues existe a condición de perpetuar la violencia y la agresividad)

4.-El capitalismo constituye un orden de dominación omnívoro que
se sustenta en la disolución de los vínculos comunitarios, el desarraigo cultural de los sujetos, y su conversión en seres desvalidos y dependientes, cargados de necesidades que satisfacer mediante la producción y consumo incesante de mercancías.(Ahora sabemos mejor que nunca cuanta capacidad tiene el capitalismo para devorar, absorver e integrar todo aquello que le es potencialmente contestatario. Y sabemos también cómo tiende a aplastar y destruir aquello que no puede integrar en su lógica de vida -aunque por nuestra parte hayamos prestado tan escasa atención a aquellas culturas y comunidades de vida que por no "encajar" en la lógica del capital, por ser impermeables a ella, se hallan hoy arrinconadas y acorraladas ante nuestra vista ciega, impasible o complaciente de intelectuales "occidentalizados"-. Hoy no podemos mantener el entusiasmo crédulo e ingenuo ante el avance del capitalismo como si fuera condición necesaria de la liberación y de modos superiores de vida. No hay ninguna razón para tal creencia que mantuvo atrapada a buena parte de las izquierdas, cegadas por la fe en el "progreso". Ahora conocemos mejor su potencial destructivo, su tendencia a arrasar con toda forma de vida y toda cultura y vínculo social que no sea funcional al imperio absoluto de la mercancía. Ahora sabemos también que la oposición civilización - barbarie que colocaba a nuestros pueblos en condición disminuida, era un eficaz mecanismo de dominación, haciéndonos sentir avergonzados de nuestra condición y esclavos de los sueños de otros, cuyos modelos de vida asumimos acríticamente. Hoy está claro que resistir al capitalismo supone afirmar el elemental derecho a existir que tienen las culturas alternativas; que con cada cultura que muere desaparece todo un universo -modos irrepetibles de pensar, sentir y actuar que forman parte de la riqueza de formas de vida que la humanidad ha ido ensayando, y que es necesario preservar como parte de nuestra herencia común)

5.-En otras formas de vida prima el cultivo de la diversidad , el capitalismo en cambio, exige la homogenización de aquello que es cualitativamente diverso. En él todo tiende a ser estrictamente cuantificable. Esa es la condición de su racionalidad: todo debe ser calculable, planificable, manipulable, dominable. Por ello lo convierte todo en mercancía como la marca de su imperio. (En el mundo de la vida no hay dos seres, ni dos situaciones idénticas. Todo es diverso. La vida se perpetúa a condición de diversificarse. Es la rigidez de la muerte la que nos iguala a todos. El orden capitalista es contrario a la diferencia irreductible de cada cosa y cada quien, nos trata y trata al mundo como si sólo estuviéramos compuestos de elementos iguales. Hace violencia a la realidad para someterla a su cálculo, pues sólo se puede calcular aquello que previamente fue reducido a su dimensión estrictamente cuantitativa, a pura cantidad, a "valor de cambio", perdiendo las cualidades esenciales -su específico "valor de uso"- que lo hacen incomparable y valioso en sí mismo. El capitalismo se sostiene pues en una gran falsificación de la realidad, en una violencia contínua contra ella; pero allí radica también su mayor debilidad. El llamado "socialismo real" perdió la contienda porque reprodujo esa lógica. )

6.-El capitalismo absolutiza la búsqueda de ganancia -plusvalía- sobre la base de la creencia injustificable de que es factible y deseable una acumulación incesante del capital y el crecimiento infinito de la productividad y el consumo . Ello expresa una condición fundamental del capitalismo: Se sustenta en el culto del poder, entendido como "dominio" tanto de la naturaleza como del hombre, que se pretende ensanchar al infinito. Sin embargo, cuando el poder se convierte en un fin en sí mismo, termina desplegando una lógica "autónoma" que escapa al control de quienes desataron su potencial; somete y gobierna la vida de los hombres. (Aunque en la economía -de modo absolutamente falaz- pondere las virtudes de la "mano oculta" del mercado, el "dejar hacer, dejar pasar" y el "libre" juego de la oferta y la demanda, en realidad el capitalismo se sustenta en la creencia de que es posible "controlar" las fuentes de la riqueza -la naturaleza y el hombre- mediante el cálculo racional. Creencia que hoy ha sido hecha trizas por la propia ciencia que en sus inicios estuvo animada por tal pretensión y hoy reconoce los límites de la previsibilidad y el cálculo, el juego del azar y la probabilidad. Hoy sabemos que el acceso al poder entendido como capacidad de dominio, conduce a la pérdida de autonomía; sabemos que, en el fondo, es una ilusión; que si soltamos las ataduras del poder-dominación nos ocurrirá lo que a Pandora: escapará inevitablemente a nuestro control y terminará envolviéndonos; que si rendimos culto al poder terminaremos siendo esclavos de su lógica. Hoy sabemos que lo que hay que controlar es al poder mismo, para evitar su conversión en dominio. Nosotros no podemos reproducir igual o mayor obsesión por el poder-dominación. El "poder solidario" que buscamos construir es en realidad un modo de desmontar el poder centralizado, de socializarlo, de devolverlo a su fuente que radica en el trabajo humano y los lazos sociales, evitando con ello que se sitúe otra vez por encima nuestro, decidiendo el curso de nuestra vida y nuestra muerte. Por ello rechazamos también aquel fatuo dogma que supone que "salvo el poder todo es ilusión".)

7.-El actual modelo de vida dominante es intrínsecamente excluyente, pues mientras las expectativas de consumo según el modelo de los "ricos y famosos" prácticamente se han universalizado, su materialización para todos es imposible en un mundo con recursos agotables y equilibrio biótico absolutamente precario.(El capitalismo ha obtenido una victoria estratégica en el terreno de los imaginarios y sentidos de vida, en el cual ha centrado una ofensiva feroz. Hoy en día casi no hay lugar en el mundo donde la gente no aspire a vivir como en la vitrina hollywoodense de Beverly Hills. El lujo, el despilfarro, los rostros y cuerpos eternamente juveniles en un mundo acéptico, se conjugan con la promesa del poder-dominación exhibido por depredadores que liquidan sonrientes cuanto les sale al paso. En la cabaña más lejana, una pantalla de TV se encarga de capturar nuestros sueños. La inmensa mayoría se mueve hoy, narcotizada, tras aquella ilusión que jamás podrá realizarse: se trata de un mundo falaz. Pero aún si tal mundo existiera, su acceso tendría que estar severamente restringido -como en realidad lo está- para muy pocos: los elegidos, ídolos y fetiches que deberán continuar con aquella farza -sucedáneo de la felicidad-, para mantener andando el orden. La inmensa mayoria de seres humanos jamás tendrá acceso a un ritmo de consumo que, de universalizarse, traería consigo el definitivo colapso ecológico)

8.-Además de la contradicción que enfrenta a ricos y pobres y -en un marco mayor- al hombre y su "cuerpo genérico" (la naturaleza), el orden actual despliega otras tensiones irresolubles a su interior. Tal es el caso del desface entre el potencial creciente del trabajo y el caracter excluyente de la automatización. (La lógica de la exclusión se sustenta en una amenaza presente ante nuestra vista, y peor aún que la explotación: el que la mayor parte del género humano ni siquiera halle ya posibilidad de ser explotada, porque nuestro trabajo y nuestros recursos materiales estan dejando de ser imprescindibles para quienes controlan la ciencia y la tecnología). Precisamente, nuestra opción por un orden civilizatorio alternativo se sustenta en la convicción de que las tensiones que el capitalismo despliega, son síntoma de que contiene un enorme potencial, tanto creativo como destructivo, de una magnitud desconocida en la historia previa, y que mientras su potencial creativo y liberador se halla más y más reprimido y pervertido, sus factores destructivos experimentan un acelerado aumento.(En tal sentido, nuestra convicción en torno a la necesidad de un cambio profundo en las condiciones de vida, no se basa en un arbitrario acto de fé o en la voluntad ciega. Se sustenta en la plena conciencia de que ya no es posible "dejar hacer dejar pasar" la acción irresponsable y destructiva del capital. A estas alturas se impone un extremo cuidado con los resultados de nuestra acción sobre las futuras generaciones, de cuyo destino somos responsables. No hay manera de calcular a largo plazo, ni siquiera a mediano plazo, los efectos de nuestra acción hoy potenciada por la tecnociencia, por tanto, es preciso recobrar nuestra autonomía y control sobre el ejercicio del poder)

9.-Vivimos en un período de transición y cambio, de consecuencias imprevisibles . Paradójicamente, cuando algunas voces interesadas hablan del final de la historia, de su estabilización plena; cuando se impone un pasajero -e inducido- estado de ánimo proclive a los valores del "orden" y la estabilidad; se acumulan indicios abrumadores e incontrovertibles del agotamiento del modelo de vida que ha predominado a lo largo de los tiempos modernos; lo cual legitima la tarea de explorar los posibles horizontes de una civilización alternativa mediante el ejercicio renovado de la sensibilidad, el pensamiento y la acción libertaria.(Basta notar que la población mundial ya sobrepasa los 6,000,000,000 de seres humanos. Que en todos los años que nuestra especie tenía sobre la tierra hasta este siglo, ni de lejos se alcanzaba esa cifra aún sumando a todos los indivíduos que hayan existido en el planeta. Que sólo en este siglo el número de seres humanos se ha cuadruplicado... Cuando los cimientos del modo de vida capitalista moderno fueron diseñados hace pocos siglos, nadie podía haber previsto estos u otros hechos de similar caracter terminal; baste mencionar otros dos ejemplos: el agotamiento del agua o aún del aire -ya se sostiene que las guerras del futuro próximo serán por el control de estos recursos vitales-, o la alteración de la biósfera entera por parte del hombre -nadie con un mínimo de honestidad e información podría afirmar a estas alturas que los desórdenes climáticos son ajenos a la acción irresponsable de hombres motivados por la búsqueda de poder y lucro, y premunidos de la colosal potencia que les otorga la tecnociencia) (Cuando en el siglo pasado alguna gente -muy poca- como el socialista Fourier o John Stuart Mill proponían considerar los límites del crecimiento económico, casi nadie -entre ellos los socialistas marxistas- prestaron atención a ello, embriagados como estaban por el vértigo del "progreso". Hoy es imprescindible considerar aquello; más aún si nos reclamamos socialistas, sujetos críticos del orden actual. La "vuelta al pasado" no es posible, a no ser por una catástrofe indeseable. Pero tampoco es posible -y en todo caso es moralmente perverso- mantener la lógica del "dejar hacer, dejar pasar" que propugna el gran capital. Tenemos pues en frente un reto a la imaginación, la razón y la voluntad, a fin de propiciar elementos y espacios de concertación social para una acción favorable a un cambio decisivo en la historia de la humanidad. Esta certeza bastaría para justificar una apuesta como la nuestra.)

10.-Nuestra opción por un orden civilizatorio alternativo se sustenta en una doble convicción: ni habitamos el mejor de los mundos posibles, ni hay nada que garantice que vamos necesariamente hacia un mundo mejor. No siempre las contradicciones que un orden social contiene estallan por sí mismas, y si lo hacen bien podrían arrasar con su estallido las
posibilidades de una vida mejor. (Esto supone que nuestra opción por el cambio tampoco pretende tener un fundamento axiomático-deductivo de tipo cientificista, como el que postulaba el marxismo-leninismo, para el cual el socialismo advendría como resultado de las leyes inexorables de la historia. Nada tiene que ver con aquel viejo vicio que ahora han adoptado y radicalizado los fundamentalistas neoliberales, consistente en la creencia irresponsable de que se tienen las claves de la historia -las leyes del mercado o de la dialéctica, poco importa, pues da lo mismo-; que ella está de nuestra parte; y que triunfaremos al fin y al cabo ineluctablemente. Consideramos preciso tomar distancia de esta creencia que ha servido de base teórica para los "iluminados" de todo tipo, que pretendían ser los "oráculos" de las leyes de la Historia, a cuyo dictámen debían subordinarse las ignorantes "masas". Nuestra opción por el socialismo es precisamente eso: una opción, líbremente tomada, como un modo de afirmar nuestra condición de hombres libres, capaces de comprometer nuestras vidas en una apuesta libertaria, porque así justificamos el privilegio de vivir, no porque haya nada que nos asegure de antemano el éxito)


11-Reivindicamos el socialismo porque rechaza la neutralidad política -y ética- en una sociedad dividida en clases y asume una neta opción por los oprimidos. Ser socialista es tomar partido por los "humillados y ofendidos" como un modo de tomar partido por la vida. No sólo porque no aceptamos aquella condición de existencia, sino porque los oprimidos son portadores del mayor potencial de negatividad -potencial liberador- en relación al orden vigente, potencial cuya magnitud depende de su grado de organización y conciencia. (Concebimos el socialismo como desarrollo conciente y autónomo del potencial libertario de los oprimidos , asumiendo: 1) Que el poder solidario surge de la capacidad de actuar concertadamente, pues la acción concertada es fuente de poder. 2) Que el número de los oprimidos se traduce en poder solidario sólo cuando estos coordinan entre sí, actúan concertadamente y rechazan la lógica del poder-dominación que tiende al centralismo; de otro modo, por mas "radical" que sea nuestra acción sólo volverá a reinstaurar la lógica de la dominación. 3) Que el poder se sustenta y reproduce en todas las esferas y niveles de la acción, tanto individual como colectiva. 4) Que las relaciones horizontales socializan y multiplican el poder solidario. 5) Que la autonomía -autodecisión- consolida el poder solidario)

12-Reivindicamos el socialismo en tanto constituye una opción por la democratización radical de las relaciones sociales, desde abajo -desde el potencial liberador de los oprimidos- y en todo
terreno. (Afirmamos que el socialismo nada tiene que ver con la "dictadura" como forma de gobierno. Los socialistas buscamos profundizar la democracia, convencidos de que la democracia burguesa no puede ir más allá de ciertos límites: aquellos que impone la mantención de un orden basado en la dominación. Radicalizar la democracia supone hoy construir mecanismos efectivos de participación y control ciudadano en todas las esferas de la actividad pública: desde la asignación y uso de recursos, hasta el acceso a las fuentes y mecanismos de información; y ello parece exigir la descentralización de las decisiones y el fortalecimiento de las pequeñas y medianas comunidades, comunicándolas mediante redes de apoyo solidario )
13-Reivindicamos el socialismo en tanto constituye una praxis que se sustenta en la construccion cotidiana, desde ahora y en todos los terrenos de nuestra actividad- de nuevos "sentidos de vida" tendientes a la "pacificación" de la existencia, el respeto por los demás y el pleno ejercicio de las capacidades creativas de los hombres y el conjunto de la naturaleza. Que el trabajo se libere de la "economía", para ser fuente de satisfacción y creatividad . (El socialismo supone el despliegue de una contracultura de liberación: de nuevos "sentidos de vida", de una nueva sensibilidad, de nuevas prácticas. Supone el respeto y cultivo de las diferencias que enriquecen la vida; la defensa de la vida y el desarrollo de su calidad y diversidad; la conversión del trabajo en una fuente de goce, creatividad y autorrealización; la reconciliación con la naturaleza; el desarrollo de formas de convivencia basadas en la libertad y la autodeterminación. )

14-El socialismo supone desarrollar una praxis de resistencia contínua, en todas las esferas de la vida, al imperio de la economía; de la tecnociencia y la unilateralidad racionalizante que tiende a convertirlo todo -a los demás seres humanos y la naturaleza- en objeto de cálculo, manipulación y control; al imaginario de vida alienante y cosificante que otorga mayor valor al "tener" que al "ser"; a la represión del goce y la libertad creadora; a la agresividad en aumento, etc. Reconociendo que lo que falla es algo más que la mera política o los mecanismos de la economía: que falla toda una cultura (es decir un modo de situarnos ante el mundo: los otros y las cosas) que compartimos, y que debemos desmontar, reconociendo nuestra cuota de responsabilidad en su reproducción cotidiana. (Se trata de superar una visión maniquea y autocomplaciente que nos exime de toda responsabilidad frente a la crisis global de hoy en día, atribuyéndosela íntegramente a los grupos capitalistas transnacionales. Basta recordar que en nombre del socialismo, rusos, chinos, albaneses o rumanos depredaron tanto o más la naturaleza que sus competidores occidentales, o que elevaron el autoritarismo a enésima potencia. Por ello debemos partir de reconocer que lo que falla es toda una cultura que compartimos, asumiendo nuestra cuota de responsabilidad, y actuando en consonancia con ello. Esta es, además, la única conducta política y éticamente madura )
15-En nuestra opción por el socialismo revaloramos una vasta tradición libertaria y de sentidos alternativos de vida: desde aquellas contenidas en la gran corriente de la tradición libertario-humanista de Occidente, en las vertientes libertarias modernas (liberalismos, socialismos, anarquismos, y corrientes contra-culturales diversas), hasta las que portan consigo las tradiciones culturales alternativas al mundo occidental, como es el caso particular de nuestra racionalidad andina y amazónica, donde, por ejemplo, cabe resaltar el cultivo de la diversidad, el respeto por la naturaleza como sujeto, el sentido del trabajo como celebración -fiesta, juego-, el sentido comunitario de vida, la práctica de la reciprocidad, o el sentido de lo sagrado como una dimensión inmanente a la totalidad de lo existente. Cabe notar que estos aspectos se hallan ausentes en el modo de vida capitalista hoy dominante y le son radicalmente opuestos.(Una breve aclaración en relación a lo último: Si hay algo que caracteriza al modo de vida moderno -funcional al capitalismo- es precisamente la "desacralización" del mundo y la vida. Todo en él es reducido al frio cálculo mercantil; todo es materia de compra y venta, aún el honor, la inteligencia o la belleza . Ello contrasta con la actitud de las culturas supuestamente "bárbaras", vinculadas a la tierra, que han mostrado siempre un gran respeto por la naturaleza -venerada como fuente de vida- y un cuidado y cultivo de la vida a partir de una sensibilidad para lo "sagrado" -concebido como inmanente al mundo- que habita en cada ser y da pleno sentido a cada acto... Aquí hay que recordar otra vez lo afirmado al principio: que no hay manera de "justificar" racionalmente el valor y el sentido de la vida; toda la filosofía y ciencia modernas son un gran fracaso al respecto. Al parecer, si no suponemos que la vida es valiosa en sí misma, ésta no tiene ningún sentido y, con ello, no tendría ningún sentido nuestra apuesta. Si eso y sólo eso -que ya es una enormidad- significa asumir el mundo y la vida como "sagrados", podríamos reivindicar el sentido de lo sagrado y ser ateos, sin ninguna incongruencia en ello; no tendríamos por qué identificar esta reivindicación con ninguna confesión religiosa en particular, ni mucho menos con los fundamentalismos de matriz judeo-cristiana-islámica, que han incubado la intolerancia y y el desden por el mundo y lo corporal,concibiéndolo como bajo, pecaminoso y carente de valor en sí mismo. Es más: en relación a esta matriz en general, y en particular a su vertiente cristiana, habría que notar su responsabilidad en la desacralización y cosificación del mundo -cosa que no ocurrió en otras culturas-, al haber hipostasiado lo sagrado -situándolo fuera del mundo- en un Dios absolutamente trascendente, sin cuya voluntad arbitraria ni siquiera habría existido mundo alguno, con lo cual éste pasó a ser considerado ontológicamente contingente -carente de necesidad y sentido propio-, y encomendado al dominio del hombre "imagen y semejanza" de aquel Dios arbitrario. El proceso de "desacralización" provocado por esa tradición ha traído consigo el "desencantamiento" del mundo y la vida, su banalización, su cosificación, su conversión en una masa manipulable, carente de propósito o valor intrínseco. Este "desencantamiento" ha sido y es la condición necesaria para la dominación impune y la instrumentalización sin límites de todo lo existente, que ha conducido a la anomia, el descreimiento y el nihilismo que caracteriza la vida contemporánea. En ese sentido es que resulta pertinente discutir sobre la importancia de un "reencantamiento" del mundo y la vida -que pasaría por recobrar el sentido de su caracter sagrado-, como una condición para construir modos de vida alternativos, como un soporte de gran potencia para resistir la dominación capitalista, cuyo poder, ya lo señalamos, es en gran parte ilusorio, en tanto está contenido por un gran vacío: aquel que tiene que ver con la cuestión central del sentido de la vida y su valor... El capitalismo nada tiene que decir al respecto. (¿Por qué no atender voces alternativas que -despreciadas, cercadas y acorraladas- aún se expresan entre nosotros?)

Colectivo Amauta
Primavera de 1999