Sábado -22/11/2008
¿Un TLC entre Estados Unidos y China?
Por: Pedro Francke Ballve
:: ESCUCHE PLUMA Y OÍDO
En el Foro del APEC, tanto Estados Unidos como China -en boca de sus principales dirigentes y presidentes- han manifestado la idea de mantener la liberalización de comercio con nuevas alternativas a la crisis. Pero ¿son honestos éstos presidentes cuando nos dicen esto? En realidad llama la atención de que al mismo tiempo que Perú tiene un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estado Unidos -y el Perú va a firmar un TLC con China- no existe un TLC entre China y Estado Unidos: ni está en negociación ni está en la agenda que ambos países puedan establecer un TLC.
En realidad, lo que sucede es que tanto Estados Unidos como China tiene una política fuertemente proteccionista de su producción nacional. Estados Unidos, por ejemplo, mantiene subsidios a su productores agrícolas del orden de las decenas de miles de millones de dólares, estableciendo así una competencia desleal con los productos agrícolas de todo el mundo. Estados Unidos, al mismo tiempo, no permite al igual que Europa que los textiles chinos entren libremente a su mercado; establecen cuotas y mecanismos de protección para permitir que su industria sobreviva a la feroz competencia china, que vende su ropa a precios muy bajos en el mercado internacional.
China, por su parte, sabemos que tiene un sistema financiero estatal, que le presta a sus empresas a tasas muy bajas, mientras que en el Perú una microempresa puede estar teniendo que pagar tasas de intereses de 40 y 50%. Es obvio que la competencia es altamente desigual
En China tampoco se respetan los derechos laborales básicos de los trabajadores ni se permiten reglas que defiendan el medio ambiente de forma adecuada. China es también por eso una economía -que no es una economía de mercado- que compite deslealmente con el mundo.
¿Por qué, entonces, el discurso tanto de China como Estados Unidos, a favor del libre comercio? Bueno, ellos quieren promover que otros hagan lo que ellos no hacen: que otros países abran sus fronteras, abran sus mercados internos, no protejan a su industria ni a su agricultura como ellos lo hacen. Por ejemplo, en el TLC con China, mientras el Perú esta admitiendo desde hace varios meses el ingreso de ropa china con alta libertad, China no permite que los productos agropecuarios peruanos entren si no es pagando altas tasas de impuestos de 40 y 50%. Y no han admitido los chinos eliminar esos impuestos rápidamente a pesar de que es evidente que el Perú, por su pequeño tamaño, difícilmente firme un riesgo para la economía China.
Como en otros casos, a la gente hay que medirlas por sus actos más que por sus palabras, sobre todo a los políticos. En este caso, a Hu Jintao y a George W. Bush no hay que hacerles caso cuando hablan de libre comercio. Ellos no practican lo que hablan.
MOVIMIENTO MACROREGIONAL DEL CUSCO
PROYECTO PUEBLO
Construyendo una alternativa desde el pueblo
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jueves, 11 de diciembre de 2008
martes, 25 de noviembre de 2008
DISCURSO DE SARKOZY SOBRE LA CRISIS FINANCIERA ¿MÁS MERCADO?
¡¡¡ ALAN DICE QUE ESTAMOS BLINDADOS, SARKOZY DICE QUE HAY QUE DECIR LA VERDAD QUE NO HAY QUE ENGAÑAR!!!
DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA FRANCESA,
NICOLAS SARKOZY
- EXTRACTO -
SITUACIÓN FINANCIERA INTERNACIONAL
(Toulon, 25 de septiembre de 2008)
Señoras y Señores Ministros,
Señoras y Señores Parlamentarios,
Si he querido dirigirme esta tarde a los Franceses es porque la situación de nuestro país lo exige.
Soy consciente de mi responsabilidad en estas circunstancias excepcionales.
Una crisis de confianza sin precedente desestabiliza la economía mundial. Las grandes instituciones financieras están amenazadas, millones de pequeños ahorristas en el mundo que depositaron sus ahorros en la bolsa ven cómo su patrimonio se descompone día tras día, millones de jubilados que han cotizado en fondos de pensiones temen por su jubilación, millones de hogares modestos viven momentos difíciles por el alza de los precios.
Como en todo el mundo, los Franceses temen por sus ahorros, por su empleo y por su poder adquisitivo.
El miedo es sufrimiento.
El miedo impide emprender, el miedo impide implicarse.
Cuando se tiene miedo, no se tienen sueños; cuando se tiene miedo, uno no piensa en el futuro.
Hoy, el miedo es la principal amenaza para la economía.
Hay que vencer ese miedo. Es la labor más urgente. No se vencerá, no se restablecerá la confianza con mentiras, sino diciendo la verdad.
Los Franceses quieren la verdad y estoy convencido de que están dispuestos a escucharla. Si sienten que se les esconde algo, la duda crecerá. Si están convencidos de que no se les oculta nada, hallarán en ellos mismos la fuerza para superar la crisis.
Decir la verdad a los Franceses es decirles que la crisis no ha terminado, que sus consecuencias serán duraderas, que Francia está demasiado implicada en la economía mundial como para pensar siquiera un instante que pueda estar protegida contra los acontecimientos que, ni más ni menos, desequilibran el mundo. Decir la verdad a los Franceses es decirles que la crisis actual tendrá consecuencias en el crecimiento, en el desempleo, en el poder adquisitivo durante los próximos meses.
Decir la verdad a los Franceses es decir, en primer lugar, la verdad sobre la crisis financiera. Porque esta crisis, sin igual desde los años 30, marca el final de un mundo construido tras la caída del Muro de
Berlín y el final de la Guerra Fría. Ese mundo fue impulsado por un gran sueño de libertad y de prosperidad.
La generación que venció al comunismo había soñado con un mundo donde la democracia y el mercado resolverían todos los problemas de la humanidad. Había soñado con una mundialización feliz que acabaría con la pobreza y la guerra.
Este sueño ha empezado a hacerse realidad: las fronteras se han abierto, millones de hombres han escapado a la miseria, pero el sueño se ha quebrado con el resurgimiento de los fundamentalismos religiosos, los nacionalismos, las reivindicaciones identitarias, el terrorismo, los dumpings, las deslocalizaciones, las derivas de las finanzas globales, los riesgos ecológicos, el agotamiento anunciado de los recursos naturales, las revueltas del hambre.
En el fondo, con el final del capitalismo financiero –que había impuesto su lógica a toda la economía y que había fomentado su perversión– muere una determinada idea de la mundialización.
La idea de la omnipotencia del mercado que no debía ser alterado por ninguna regla, por ninguna intervención pública; esa idea de la omnipotencia del mercado era descabellada.
La idea de que los mercados siempre tienen razón es descabellada.
Durante varios decenios, se han creado las condiciones que sometían la industria a la lógica de la rentabilidad financiera a corto plazo.
Se han ocultado los riesgos crecientes que había que correr para obtener rendimientos cada vez más exorbitantes.
Se han desarrollado sistemas de remuneración que incitaban a los operadores a correr cada vez más riesgos inconsiderados.
Se ha fingido creer que los riesgos desaparecían uniéndolos.
Se ha permitido que los bancos especulen en los mercados en vez de hacer su trabajo que consiste en invertir el ahorro en desarrollo económico y analizar el riesgo del crédito.
Se ha financiado al especulador y no al emprendedor.
No se han controlado las agencias de calificación y los fondos especulativos.
Se ha obligado a las empresas, a los bancos, a las aseguradoras a inscribir sus activos en las cuentas a precios del mercado que aumentan y se reducen en función de la especulación.
Se ha sometido a los bancos a reglas contables que no garantizan la gestión correcta de los riesgos y que, en caso de crisis, agravan la situación en vez de amortiguar el choque.
¡Es una locura y hoy pagamos por ello!
Este sistema donde el responsable de un desastre puede partir con un paracaídas dorado, donde un corredor de bolsa puede hacer perder 5000 millones de euros a su banco sin que nadie se dé cuenta, donde se exige a las empresas rendimientos tres o cuatro veces más elevados que el crecimiento real de la economía, este sistema ha creado profundas desigualdades, ha desmoralizado a las clases medias y ha fomentado la especulación en los mercados inmobiliarios, de materias primeras y de productos agrícolas.
Pero este sistema –hay que decirlo porque es la verdad– no es la economía de mercado, no es el capitalismo.
La economía de mercado es el mercado regulado, el mercado al servicio del desarrollo, al servicio de la sociedad, al servicio de todos. No es la ley de la jungla, no son beneficios exorbitantes para unos y sacrificios para todos los demás. La economía de mercado es la competencia que reduce los precios, que elimina las rentas y que beneficia a todos los consumidores.
El capitalismo no es el corto plazo, es el largo plazo, la acumulación de capital, el crecimiento a largo plazo.
El capitalismo no es la primacía del especulador. Es la primacía del emprendedor, la recompensa del trabajo, del esfuerzo, de la iniciativa.
El capitalismo no es la disolución de la propiedad, la irresponsabilidad generalizada. El capitalismo es la propiedad privada, la responsabilidad individual, el compromiso personal, es una ética, una moral, instituciones.
De hecho, el capitalismo ha posibilitado el extraordinario auge de la civilización occidental desde hace siete siglos.
La crisis financiera que vivimos hoy, mis queridos compatriotas, no es la crisis del capitalismo. Es la crisis de un sistema que se ha alejado de los valores más fundamentales del capitalismo, que ha traicionado al espíritu del capitalismo.
Quiero decirlo a los Franceses: el anticapitalismo no ofrece ninguna solución a la crisis actual.
Reanudar con el colectivismo que tantos desastres provocó en el pasado sería un error histórico.
Pero no hacer nada, no cambiar nada, conformarse con cargar al contribuyente todas las pérdidas y fingir que no ha pasado nada también sería un error histórico.
Mis queridos compatriotas, podemos salir reforzados de esta crisis. Podemos salir y podemos salir reforzados, si aceptamos cambiar nuestro modo de pensamiento y nuestros comportamientos. Si hacemos el esfuerzo necesario para adaptarnos a las nuevas realidades que se imponen a nosotros. Si actuamos, en vez de padecer.
* * *
La crisis actual debe incitarnos a refundar el capitalismo en una ética del esfuerzo y del trabajo, a encontrar de nuevo un equilibrio entre la libertad necesaria y la regla, entra la responsabilidad colectiva y la responsabilidad individual.
Tenemos que alcanzar un nuevo equilibrio entre el Estado y el mercado, cuando en todo el mundo los poderes públicos se ven obligados a intervenir para salvar el sistema bancario del derrumbe.
Debe instaurarse una nueva relación entre la economía y la política mediante el desarrollo de nuevas reglamentaciones.
La autorregulación para resolver todos los problemas, se ha acabado.
El laissez-faire, se ha acabado.
El mercado que siempre tiene razón, se ha acabado.
Hay que aprender de la crisis para que no se reproduzca. Hemos estado al borde de la catástrofe, el mundo ha estado al borde de la catástrofe, no podemos correr el riesgo de empezar de nuevo.
Si queremos construir un sistema financiero viable, la moralización del capitalismo financiero es una prioridad.
* * *
No dudo en decir que los modos de remuneración de los dirigentes y de los operadores deben estar enmarcados. Ha habido demasiados abusos, demasiados escándalos.
O los profesionales se ponen de acuerdo sobre las prácticas aceptables o el Gobierno de la
República resolverá el problema mediante la ley antes de fin del año.
Los dirigentes no deben tener el estatuto de mandatario social y beneficiar a la vez de las garantías de un contrato de trabajo. No deben recibir acciones gratuitas. Su remuneración debe fundarse en los resultados económicos reales de la empresas. No deben poder optar por un paracaídas dorado cuando han cometido faltas o han puesto a su empresa en dificultad. Y si los dirigentes están interesados por el resultado –es algo positivo– los demás asalariados de la empresa, en particular los más modestos, también deben estarlo, puesto que ellos también participan en la riqueza de la empresa. Si los dirigentes tienen stock options, los demás asalariados también deben tenerlas o beneficiar de un sistema de incentivos.
He aquí algunos principios sencillos basados en el sentido común y en la moral elemental en los que no cederé.
Los dirigentes perciben remuneraciones elevadas porque tienen grandes responsabilidades. Pero no se puede querer un buen salario y no asumir las responsabilidades. Ambas cosas van unidas.
Es aún más cierto en el campo de las finanzas. ¿Cómo admitir que tantos operadores financieros salgan ganado, cuando durante años se han enriquecido conduciendo a todo el sistema financiero a la situación actual?
Se han de buscar responsabilidades y los responsables de este naufragio deben, al menos, ser sancionados financieramente. La impunidad sería inmoral. No podemos conformarnos con hacer pagar a los accionistas, a los clientes, a los asalariados, a los contribuyentes y exonerar a los principales responsables.
¿Quién podría aceptar algo que sería, ni más ni menos, una gran injusticia?
Además, hay que reglamentar los bancos para regular el sistema, ya que los bancos son el núcleo del sistema.
Hay que dejar de imponer a los bancos reglas de prudencia que incitan primero a la creatividad contable y no a gestionar con rigor los riesgos. En el futuro, habrá que controlar mucho mejor la forma en la que desempeñan su oficio, el modo de evaluación y de gestión de los riesgos, la eficacia de los controles internos, etc.
Habrá que imponer a los bancos financiar el desarrollo económico y no la especulación.
La crisis que vivimos debe conducirnos a una reestructuración de gran amplitud de todo el sector bancario mundial. Teniendo en cuenta lo que acaba de ocurrir y la importancia de las implicaciones para el futuro de nuestra economía, es evidente que, en Francia, el Estado estará atento y desempeñará un papel activo.
Habrá que enfrentarse al problema de la complejidad de los productos de ahorro y de la opacidad de las transacciones para que cada uno pueda evaluar realmente los riesgos que corre.
Pero también habrá que plantearse preguntas polémicas como la de los paraísos fiscales, las condiciones en las que se realizan las ventas al descubierto que permiten especular vendiendo títulos que no se poseen o la cotización continua que permite comprar y vender en todo momento activos y que influye –como sabemos– en las aceleraciones del mercado y en la creación de burbujas especulativas.
Habrá que interrogarse sobre la obligación de contabilizar los activos al precio del mercado que tanto desestabilizan en caso de crisis.
Habrá que controlar a las agencias de calificación que –insisto en ello– han presentado fallas. De ahora en adelante, ninguna institución financiera, ningún fondo deben poder escapar al control de una autoridad de regulación.
Pero la reorganización del sistema financiero no sería completa, si a la par no se previera acabar con el desorden monetario.
La moneda está en el centro de la crisis financiera y de las distorsiones que afectan a los intercambios mundiales. Si no somos cuidadosos, el dumping monetario acabará por engendrar guerras comerciales extremadamente violentas y dará vía libre al peor proteccionismo. Ya que el productor francés puede obtener todos los beneficios de productividad que quiera o que pueda. Puede incluso competir con los salarios reducidos de los obreros chinos, pero no puede compensar la infravaloración de la moneda china. Nuestra industria aeronáutica puede ser muy eficaz, pero no puede luchar contra la ventaja competitiva que la infravaloración crónica del dólar da a los constructores estadounidenses.
Por tanto, reitero hasta qué punto me parece necesario que los Jefes de Estado y de Gobierno de los principales países concernidos se reúnan antes a fin de año para extraer las lecciones de la crisis financiera y coordinar sus esfuerzos para restablecer la confianza. He realizado esta propuesta de pleno acuerdo con la Canciller alemana, la Sra. Merkel, con quien me he entrevistado y con quien comparto las mismas preocupaciones a propósito de la crisis financiera y sobre las lecciones que vamos a tener que extraer.
Estoy convencido de que el mal es profundo y de que hay que renovar todo el sistema financiero y monetario mundial, como en Bretton Woods después de la II Guerra mundial. Así, podremos crear herramientas para una regulación mundial que la globalización y la mundialización de los intercambios hacen necesarias. No se puede seguir gestionando la economía del siglo XXI con los instrumentos económicos del siglo XX. Tampoco se puede concebir el mundo del mañana con las ideas de ayer.
Cuando los bancos centrales hacen todos los días la tesorería de los bancos y cuando el contribuyente estadounidense va a gastar un billón de dólares para evitar una quiebra generalizada, ¡me parece que la cuestión de la legitimidad de los poderes públicos para intervenir en el funcionamiento del sistema financiero ya no se plantea!
A veces, la autorregulación es insuficiente. A veces, el mercado se equivoca. A veces, la competencia es ineficaz o desleal. Entonces, el Estado tiene que intervenir, imponer reglas, invertir, tomar participaciones, a condición de que sepa retirarse cuando su intervención ya no sea necesaria.
No habría nada peor que un Estado preso de los dogmas, preso de una doctrina rígida como una religión. Imaginemos cómo estaría el mundo, si el Gobierno estadounidense no hubiese hecho nada frente a la crisis financiera, con el pretexto de respetar una supuesta ortodoxia en materia de competencia, de presupuesto o de moneda.
En estas circunstancias excepcionales en las que la necesidad de actuar se impone a todos, llamo a Europa a reflexionar sobre su capacidad para hacer frente a la urgencia, a concebir de nuevo sus reglas, sus principios, extrayendo lecciones de lo que ocurre en el mundo. Europa debe dotarse de los medios necesarios para actuar cuando la situación lo exige y no condenarse a padecer.
Si Europa quiere preservar sus intereses, si quiere poder intervenir en la reorganización de la economía mundial, debe iniciar una reflexión colectiva sobre su doctrina de la competencia –a mi juicio, la competencia es sólo un medio y no un fin en sí–, sobre su capacidad para movilizar recursos para preparar el futuro, sobre los instrumentos de su política económica, sobre los objetivos asignados a la política monetaria. Sé que es difícil porque Europa incluye 27 países, pero cuando el mundo cambia, Europa también debe cambiar. Debe ser capaz de transformar sus propios dogmas. No puede estar condenada a la variable de ajuste de las demás políticas, por no disponer de medios para actuar. Y quiero hacer una pregunta seria: si lo ocurrido en Estados unidos, hubiese ocurrido en Europa, ¿con qué rapidez, con qué fuerza, con qué determinación se habría enfrentado Europa, con las instituciones y los principios actuales, a la crisis? Para todos los europeos, es evidente que la mejor respuesta a la crisis debería ser europea. En mi condición de Presidente de la Unión, propondré iniciativas en este sentido en el próximo Consejo europeo del 15 de octubre./.
DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA FRANCESA,
NICOLAS SARKOZY
- EXTRACTO -
SITUACIÓN FINANCIERA INTERNACIONAL
(Toulon, 25 de septiembre de 2008)
Señoras y Señores Ministros,
Señoras y Señores Parlamentarios,
Si he querido dirigirme esta tarde a los Franceses es porque la situación de nuestro país lo exige.
Soy consciente de mi responsabilidad en estas circunstancias excepcionales.
Una crisis de confianza sin precedente desestabiliza la economía mundial. Las grandes instituciones financieras están amenazadas, millones de pequeños ahorristas en el mundo que depositaron sus ahorros en la bolsa ven cómo su patrimonio se descompone día tras día, millones de jubilados que han cotizado en fondos de pensiones temen por su jubilación, millones de hogares modestos viven momentos difíciles por el alza de los precios.
Como en todo el mundo, los Franceses temen por sus ahorros, por su empleo y por su poder adquisitivo.
El miedo es sufrimiento.
El miedo impide emprender, el miedo impide implicarse.
Cuando se tiene miedo, no se tienen sueños; cuando se tiene miedo, uno no piensa en el futuro.
Hoy, el miedo es la principal amenaza para la economía.
Hay que vencer ese miedo. Es la labor más urgente. No se vencerá, no se restablecerá la confianza con mentiras, sino diciendo la verdad.
Los Franceses quieren la verdad y estoy convencido de que están dispuestos a escucharla. Si sienten que se les esconde algo, la duda crecerá. Si están convencidos de que no se les oculta nada, hallarán en ellos mismos la fuerza para superar la crisis.
Decir la verdad a los Franceses es decirles que la crisis no ha terminado, que sus consecuencias serán duraderas, que Francia está demasiado implicada en la economía mundial como para pensar siquiera un instante que pueda estar protegida contra los acontecimientos que, ni más ni menos, desequilibran el mundo. Decir la verdad a los Franceses es decirles que la crisis actual tendrá consecuencias en el crecimiento, en el desempleo, en el poder adquisitivo durante los próximos meses.
Decir la verdad a los Franceses es decir, en primer lugar, la verdad sobre la crisis financiera. Porque esta crisis, sin igual desde los años 30, marca el final de un mundo construido tras la caída del Muro de
Berlín y el final de la Guerra Fría. Ese mundo fue impulsado por un gran sueño de libertad y de prosperidad.
La generación que venció al comunismo había soñado con un mundo donde la democracia y el mercado resolverían todos los problemas de la humanidad. Había soñado con una mundialización feliz que acabaría con la pobreza y la guerra.
Este sueño ha empezado a hacerse realidad: las fronteras se han abierto, millones de hombres han escapado a la miseria, pero el sueño se ha quebrado con el resurgimiento de los fundamentalismos religiosos, los nacionalismos, las reivindicaciones identitarias, el terrorismo, los dumpings, las deslocalizaciones, las derivas de las finanzas globales, los riesgos ecológicos, el agotamiento anunciado de los recursos naturales, las revueltas del hambre.
En el fondo, con el final del capitalismo financiero –que había impuesto su lógica a toda la economía y que había fomentado su perversión– muere una determinada idea de la mundialización.
La idea de la omnipotencia del mercado que no debía ser alterado por ninguna regla, por ninguna intervención pública; esa idea de la omnipotencia del mercado era descabellada.
La idea de que los mercados siempre tienen razón es descabellada.
Durante varios decenios, se han creado las condiciones que sometían la industria a la lógica de la rentabilidad financiera a corto plazo.
Se han ocultado los riesgos crecientes que había que correr para obtener rendimientos cada vez más exorbitantes.
Se han desarrollado sistemas de remuneración que incitaban a los operadores a correr cada vez más riesgos inconsiderados.
Se ha fingido creer que los riesgos desaparecían uniéndolos.
Se ha permitido que los bancos especulen en los mercados en vez de hacer su trabajo que consiste en invertir el ahorro en desarrollo económico y analizar el riesgo del crédito.
Se ha financiado al especulador y no al emprendedor.
No se han controlado las agencias de calificación y los fondos especulativos.
Se ha obligado a las empresas, a los bancos, a las aseguradoras a inscribir sus activos en las cuentas a precios del mercado que aumentan y se reducen en función de la especulación.
Se ha sometido a los bancos a reglas contables que no garantizan la gestión correcta de los riesgos y que, en caso de crisis, agravan la situación en vez de amortiguar el choque.
¡Es una locura y hoy pagamos por ello!
Este sistema donde el responsable de un desastre puede partir con un paracaídas dorado, donde un corredor de bolsa puede hacer perder 5000 millones de euros a su banco sin que nadie se dé cuenta, donde se exige a las empresas rendimientos tres o cuatro veces más elevados que el crecimiento real de la economía, este sistema ha creado profundas desigualdades, ha desmoralizado a las clases medias y ha fomentado la especulación en los mercados inmobiliarios, de materias primeras y de productos agrícolas.
Pero este sistema –hay que decirlo porque es la verdad– no es la economía de mercado, no es el capitalismo.
La economía de mercado es el mercado regulado, el mercado al servicio del desarrollo, al servicio de la sociedad, al servicio de todos. No es la ley de la jungla, no son beneficios exorbitantes para unos y sacrificios para todos los demás. La economía de mercado es la competencia que reduce los precios, que elimina las rentas y que beneficia a todos los consumidores.
El capitalismo no es el corto plazo, es el largo plazo, la acumulación de capital, el crecimiento a largo plazo.
El capitalismo no es la primacía del especulador. Es la primacía del emprendedor, la recompensa del trabajo, del esfuerzo, de la iniciativa.
El capitalismo no es la disolución de la propiedad, la irresponsabilidad generalizada. El capitalismo es la propiedad privada, la responsabilidad individual, el compromiso personal, es una ética, una moral, instituciones.
De hecho, el capitalismo ha posibilitado el extraordinario auge de la civilización occidental desde hace siete siglos.
La crisis financiera que vivimos hoy, mis queridos compatriotas, no es la crisis del capitalismo. Es la crisis de un sistema que se ha alejado de los valores más fundamentales del capitalismo, que ha traicionado al espíritu del capitalismo.
Quiero decirlo a los Franceses: el anticapitalismo no ofrece ninguna solución a la crisis actual.
Reanudar con el colectivismo que tantos desastres provocó en el pasado sería un error histórico.
Pero no hacer nada, no cambiar nada, conformarse con cargar al contribuyente todas las pérdidas y fingir que no ha pasado nada también sería un error histórico.
Mis queridos compatriotas, podemos salir reforzados de esta crisis. Podemos salir y podemos salir reforzados, si aceptamos cambiar nuestro modo de pensamiento y nuestros comportamientos. Si hacemos el esfuerzo necesario para adaptarnos a las nuevas realidades que se imponen a nosotros. Si actuamos, en vez de padecer.
* * *
La crisis actual debe incitarnos a refundar el capitalismo en una ética del esfuerzo y del trabajo, a encontrar de nuevo un equilibrio entre la libertad necesaria y la regla, entra la responsabilidad colectiva y la responsabilidad individual.
Tenemos que alcanzar un nuevo equilibrio entre el Estado y el mercado, cuando en todo el mundo los poderes públicos se ven obligados a intervenir para salvar el sistema bancario del derrumbe.
Debe instaurarse una nueva relación entre la economía y la política mediante el desarrollo de nuevas reglamentaciones.
La autorregulación para resolver todos los problemas, se ha acabado.
El laissez-faire, se ha acabado.
El mercado que siempre tiene razón, se ha acabado.
Hay que aprender de la crisis para que no se reproduzca. Hemos estado al borde de la catástrofe, el mundo ha estado al borde de la catástrofe, no podemos correr el riesgo de empezar de nuevo.
Si queremos construir un sistema financiero viable, la moralización del capitalismo financiero es una prioridad.
* * *
No dudo en decir que los modos de remuneración de los dirigentes y de los operadores deben estar enmarcados. Ha habido demasiados abusos, demasiados escándalos.
O los profesionales se ponen de acuerdo sobre las prácticas aceptables o el Gobierno de la
República resolverá el problema mediante la ley antes de fin del año.
Los dirigentes no deben tener el estatuto de mandatario social y beneficiar a la vez de las garantías de un contrato de trabajo. No deben recibir acciones gratuitas. Su remuneración debe fundarse en los resultados económicos reales de la empresas. No deben poder optar por un paracaídas dorado cuando han cometido faltas o han puesto a su empresa en dificultad. Y si los dirigentes están interesados por el resultado –es algo positivo– los demás asalariados de la empresa, en particular los más modestos, también deben estarlo, puesto que ellos también participan en la riqueza de la empresa. Si los dirigentes tienen stock options, los demás asalariados también deben tenerlas o beneficiar de un sistema de incentivos.
He aquí algunos principios sencillos basados en el sentido común y en la moral elemental en los que no cederé.
Los dirigentes perciben remuneraciones elevadas porque tienen grandes responsabilidades. Pero no se puede querer un buen salario y no asumir las responsabilidades. Ambas cosas van unidas.
Es aún más cierto en el campo de las finanzas. ¿Cómo admitir que tantos operadores financieros salgan ganado, cuando durante años se han enriquecido conduciendo a todo el sistema financiero a la situación actual?
Se han de buscar responsabilidades y los responsables de este naufragio deben, al menos, ser sancionados financieramente. La impunidad sería inmoral. No podemos conformarnos con hacer pagar a los accionistas, a los clientes, a los asalariados, a los contribuyentes y exonerar a los principales responsables.
¿Quién podría aceptar algo que sería, ni más ni menos, una gran injusticia?
Además, hay que reglamentar los bancos para regular el sistema, ya que los bancos son el núcleo del sistema.
Hay que dejar de imponer a los bancos reglas de prudencia que incitan primero a la creatividad contable y no a gestionar con rigor los riesgos. En el futuro, habrá que controlar mucho mejor la forma en la que desempeñan su oficio, el modo de evaluación y de gestión de los riesgos, la eficacia de los controles internos, etc.
Habrá que imponer a los bancos financiar el desarrollo económico y no la especulación.
La crisis que vivimos debe conducirnos a una reestructuración de gran amplitud de todo el sector bancario mundial. Teniendo en cuenta lo que acaba de ocurrir y la importancia de las implicaciones para el futuro de nuestra economía, es evidente que, en Francia, el Estado estará atento y desempeñará un papel activo.
Habrá que enfrentarse al problema de la complejidad de los productos de ahorro y de la opacidad de las transacciones para que cada uno pueda evaluar realmente los riesgos que corre.
Pero también habrá que plantearse preguntas polémicas como la de los paraísos fiscales, las condiciones en las que se realizan las ventas al descubierto que permiten especular vendiendo títulos que no se poseen o la cotización continua que permite comprar y vender en todo momento activos y que influye –como sabemos– en las aceleraciones del mercado y en la creación de burbujas especulativas.
Habrá que interrogarse sobre la obligación de contabilizar los activos al precio del mercado que tanto desestabilizan en caso de crisis.
Habrá que controlar a las agencias de calificación que –insisto en ello– han presentado fallas. De ahora en adelante, ninguna institución financiera, ningún fondo deben poder escapar al control de una autoridad de regulación.
Pero la reorganización del sistema financiero no sería completa, si a la par no se previera acabar con el desorden monetario.
La moneda está en el centro de la crisis financiera y de las distorsiones que afectan a los intercambios mundiales. Si no somos cuidadosos, el dumping monetario acabará por engendrar guerras comerciales extremadamente violentas y dará vía libre al peor proteccionismo. Ya que el productor francés puede obtener todos los beneficios de productividad que quiera o que pueda. Puede incluso competir con los salarios reducidos de los obreros chinos, pero no puede compensar la infravaloración de la moneda china. Nuestra industria aeronáutica puede ser muy eficaz, pero no puede luchar contra la ventaja competitiva que la infravaloración crónica del dólar da a los constructores estadounidenses.
Por tanto, reitero hasta qué punto me parece necesario que los Jefes de Estado y de Gobierno de los principales países concernidos se reúnan antes a fin de año para extraer las lecciones de la crisis financiera y coordinar sus esfuerzos para restablecer la confianza. He realizado esta propuesta de pleno acuerdo con la Canciller alemana, la Sra. Merkel, con quien me he entrevistado y con quien comparto las mismas preocupaciones a propósito de la crisis financiera y sobre las lecciones que vamos a tener que extraer.
Estoy convencido de que el mal es profundo y de que hay que renovar todo el sistema financiero y monetario mundial, como en Bretton Woods después de la II Guerra mundial. Así, podremos crear herramientas para una regulación mundial que la globalización y la mundialización de los intercambios hacen necesarias. No se puede seguir gestionando la economía del siglo XXI con los instrumentos económicos del siglo XX. Tampoco se puede concebir el mundo del mañana con las ideas de ayer.
Cuando los bancos centrales hacen todos los días la tesorería de los bancos y cuando el contribuyente estadounidense va a gastar un billón de dólares para evitar una quiebra generalizada, ¡me parece que la cuestión de la legitimidad de los poderes públicos para intervenir en el funcionamiento del sistema financiero ya no se plantea!
A veces, la autorregulación es insuficiente. A veces, el mercado se equivoca. A veces, la competencia es ineficaz o desleal. Entonces, el Estado tiene que intervenir, imponer reglas, invertir, tomar participaciones, a condición de que sepa retirarse cuando su intervención ya no sea necesaria.
No habría nada peor que un Estado preso de los dogmas, preso de una doctrina rígida como una religión. Imaginemos cómo estaría el mundo, si el Gobierno estadounidense no hubiese hecho nada frente a la crisis financiera, con el pretexto de respetar una supuesta ortodoxia en materia de competencia, de presupuesto o de moneda.
En estas circunstancias excepcionales en las que la necesidad de actuar se impone a todos, llamo a Europa a reflexionar sobre su capacidad para hacer frente a la urgencia, a concebir de nuevo sus reglas, sus principios, extrayendo lecciones de lo que ocurre en el mundo. Europa debe dotarse de los medios necesarios para actuar cuando la situación lo exige y no condenarse a padecer.
Si Europa quiere preservar sus intereses, si quiere poder intervenir en la reorganización de la economía mundial, debe iniciar una reflexión colectiva sobre su doctrina de la competencia –a mi juicio, la competencia es sólo un medio y no un fin en sí–, sobre su capacidad para movilizar recursos para preparar el futuro, sobre los instrumentos de su política económica, sobre los objetivos asignados a la política monetaria. Sé que es difícil porque Europa incluye 27 países, pero cuando el mundo cambia, Europa también debe cambiar. Debe ser capaz de transformar sus propios dogmas. No puede estar condenada a la variable de ajuste de las demás políticas, por no disponer de medios para actuar. Y quiero hacer una pregunta seria: si lo ocurrido en Estados unidos, hubiese ocurrido en Europa, ¿con qué rapidez, con qué fuerza, con qué determinación se habría enfrentado Europa, con las instituciones y los principios actuales, a la crisis? Para todos los europeos, es evidente que la mejor respuesta a la crisis debería ser europea. En mi condición de Presidente de la Unión, propondré iniciativas en este sentido en el próximo Consejo europeo del 15 de octubre./.
UNA CUMBRE PARA LIBERALES NOSTÁLGICOS / CARLOS NORIEGA
Una cumbre para liberales nostálgicos
Por Carlos Noriega, página 12
La cumbre de la APEC culminó con una declaración a pedir de Bush: reafirmó su fe en el poder de los mercados para salir de la crisis mundial y criticó el proteccionismo, como si éste fuera el culpable del derrumbe financiero.
Con una apuesta en favor de intensificar del libre comercio y una condena al proteccionismo, culminó ayer la XVI Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), que reunió en Lima a los jefes de Estado de los 21 países miembros, entre ellos Estados Unidos, China, Rusia, Japón, Australia, México y Chile.
La Declaración de Lima, que recoge los acuerdos de esta cumbre, señala que la crisis económica mundial debe ser combatida acelerando la liberalización de la economía y del comercio. En esa línea, los países de APEC se comprometieron a no imponer nuevas barreras a la inversión y al comercio durante los próximos doce meses, como mínimo, y anunciaron que denunciarán cualquier medida proteccionista que adopte algún país, ya sea éste miembro o no de APEC.
En la Declaración, los países firmantes también se comprometen a reimpulsar las negociaciones de la Ronda de Doha para buscar un pronto acuerdo de comercio a nivel mundial. Sobre este tema, no se mencionan directamente los subsidios agrícolas de los países desarrollados, que tienen empantanadas las negociaciones, pero se señala que debe llegarse a una conclusión “amistosa y balanceada” que reduzca “las medidas que distorsionan el mercado en el comercio agrícola mundial”.
También se adoptaron los compromisos de fortalecer las instituciones financieras en crisis e incrementar el gasto fiscal en obras de infraestructura para contrarrestar la recesión económica. Como se esperaba, el documento final de la cumbre de APEC dio su respaldo a los acuerdos sobre la crisis mundial que adoptaron los países del G-20. Nueve de los países que estuvieron en la reunión del G-20 en Washington forman parte de APEC. De esta forma, la cumbre de APEC finalizó con una ausencia de autocrítica sobre las causas de la grave crisis económica mundial, que, según diversos expertos, están vinculadas, precisamente, con las políticas de libre mercado defendidas cerradamente por los países integrantes de APEC. Las naciones que forman este foro económico representan el 41 por ciento de la población mundial, el 49 por ciento del comercio del mundo y el 55 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) a nivel mundial.
“Vamos a ganarle a la crisis, unidos los pueblos y las empresas; vamos a recapitalizar las instituciones financieras; vamos a evitar la recesión del mundo. El mejor remedio a la crisis es profundizar el libre mercado”, dijo, rebosando optimismo, el presidente peruano, Alan García, encargado de anunciar las conclusiones de la cumbre de APEC.
“Esta crisis será pasajera. El mundo tiene recursos financieros nunca antes vistos, un gran mercado en todos los hogares y una inmensa capacidad tecnológica para superar la crisis”, remató García, que en uno de sus discursos en APEC, ante al sorpresa de quienes lo escuchaban, había calificado la grave crisis mundial como “una crisis de riqueza, de crecimiento” y pronosticado el inicio de una era de bonanza económica “sin precedentes” dentro de 18 meses.
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, no estuvo presente al momento en que García anunció las conclusiones de APEC, rodeado de los mandatarios asistentes a esta cumbre, todos vestidos con un típico poncho peruano de color marrón. El norteamericano se fue rápidamente al aeropuerto inmediatamente después de posar para la tradicional foto grupal.
Muy temprano en la mañana de ayer, Bush se reunió en privado con Alan García para buscar la forma de acelerar la implementación del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos y Perú, que todavía tiene algunos temas pendientes por resolver –como la exigencia de Washington, por presión de las ONG ecologistas y sectores demócratas, de una legislación más rigurosa en Perú para los delitos ambientales– para que pueda entrar en vigencia. Bush y García quieren cerrar estos temas antes del 20 de enero, cuando el norteamericano debe abandonar el poder.
Por su parte el presidente mexicano, Felipe Calderón, subido en la ola del libre mercado que impulsó esta cumbre, criticó el anuncio del electo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de revisar el Nafta, el tratado de libre comercio norteamericano.
“Renegociar el Nafta sería una muy mala idea. El propósito de renegociar es que haya menos mercado y menos comercio. Una revisión (del tratado) cancelaría oportunidades de empleo en México y aumentaría la inmigración ilegal a Estados Unidos”, disparó Calderón, que ayer viajó a Buenos Aires para una visita de Estado.
La cumbre de APEC, que en estos días concentró la atención de todos los medios de comunicación, le ha permitido al presidente García, que tiene menos de 20 por ciento de aprobación, tomarse un respiro de las protestas sociales, que en las últimas tres semanas dejaron cuatro muertos, y de un grave escándalo de corrupción por el pago de sobornos para obtener licitaciones que remece a su gobierno. “APEC ha enfriado las protestas sociales y las denuncias de corrupción, pero el gobierno sigue caminando sobre un piso muy inestable”, le aseguró a PáginaI12 el politólogo y catedrático de la Universidad Católica Carlos Reyna.
Por Carlos Noriega, página 12
La cumbre de la APEC culminó con una declaración a pedir de Bush: reafirmó su fe en el poder de los mercados para salir de la crisis mundial y criticó el proteccionismo, como si éste fuera el culpable del derrumbe financiero.
Con una apuesta en favor de intensificar del libre comercio y una condena al proteccionismo, culminó ayer la XVI Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), que reunió en Lima a los jefes de Estado de los 21 países miembros, entre ellos Estados Unidos, China, Rusia, Japón, Australia, México y Chile.
La Declaración de Lima, que recoge los acuerdos de esta cumbre, señala que la crisis económica mundial debe ser combatida acelerando la liberalización de la economía y del comercio. En esa línea, los países de APEC se comprometieron a no imponer nuevas barreras a la inversión y al comercio durante los próximos doce meses, como mínimo, y anunciaron que denunciarán cualquier medida proteccionista que adopte algún país, ya sea éste miembro o no de APEC.
En la Declaración, los países firmantes también se comprometen a reimpulsar las negociaciones de la Ronda de Doha para buscar un pronto acuerdo de comercio a nivel mundial. Sobre este tema, no se mencionan directamente los subsidios agrícolas de los países desarrollados, que tienen empantanadas las negociaciones, pero se señala que debe llegarse a una conclusión “amistosa y balanceada” que reduzca “las medidas que distorsionan el mercado en el comercio agrícola mundial”.
También se adoptaron los compromisos de fortalecer las instituciones financieras en crisis e incrementar el gasto fiscal en obras de infraestructura para contrarrestar la recesión económica. Como se esperaba, el documento final de la cumbre de APEC dio su respaldo a los acuerdos sobre la crisis mundial que adoptaron los países del G-20. Nueve de los países que estuvieron en la reunión del G-20 en Washington forman parte de APEC. De esta forma, la cumbre de APEC finalizó con una ausencia de autocrítica sobre las causas de la grave crisis económica mundial, que, según diversos expertos, están vinculadas, precisamente, con las políticas de libre mercado defendidas cerradamente por los países integrantes de APEC. Las naciones que forman este foro económico representan el 41 por ciento de la población mundial, el 49 por ciento del comercio del mundo y el 55 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) a nivel mundial.
“Vamos a ganarle a la crisis, unidos los pueblos y las empresas; vamos a recapitalizar las instituciones financieras; vamos a evitar la recesión del mundo. El mejor remedio a la crisis es profundizar el libre mercado”, dijo, rebosando optimismo, el presidente peruano, Alan García, encargado de anunciar las conclusiones de la cumbre de APEC.
“Esta crisis será pasajera. El mundo tiene recursos financieros nunca antes vistos, un gran mercado en todos los hogares y una inmensa capacidad tecnológica para superar la crisis”, remató García, que en uno de sus discursos en APEC, ante al sorpresa de quienes lo escuchaban, había calificado la grave crisis mundial como “una crisis de riqueza, de crecimiento” y pronosticado el inicio de una era de bonanza económica “sin precedentes” dentro de 18 meses.
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, no estuvo presente al momento en que García anunció las conclusiones de APEC, rodeado de los mandatarios asistentes a esta cumbre, todos vestidos con un típico poncho peruano de color marrón. El norteamericano se fue rápidamente al aeropuerto inmediatamente después de posar para la tradicional foto grupal.
Muy temprano en la mañana de ayer, Bush se reunió en privado con Alan García para buscar la forma de acelerar la implementación del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos y Perú, que todavía tiene algunos temas pendientes por resolver –como la exigencia de Washington, por presión de las ONG ecologistas y sectores demócratas, de una legislación más rigurosa en Perú para los delitos ambientales– para que pueda entrar en vigencia. Bush y García quieren cerrar estos temas antes del 20 de enero, cuando el norteamericano debe abandonar el poder.
Por su parte el presidente mexicano, Felipe Calderón, subido en la ola del libre mercado que impulsó esta cumbre, criticó el anuncio del electo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de revisar el Nafta, el tratado de libre comercio norteamericano.
“Renegociar el Nafta sería una muy mala idea. El propósito de renegociar es que haya menos mercado y menos comercio. Una revisión (del tratado) cancelaría oportunidades de empleo en México y aumentaría la inmigración ilegal a Estados Unidos”, disparó Calderón, que ayer viajó a Buenos Aires para una visita de Estado.
La cumbre de APEC, que en estos días concentró la atención de todos los medios de comunicación, le ha permitido al presidente García, que tiene menos de 20 por ciento de aprobación, tomarse un respiro de las protestas sociales, que en las últimas tres semanas dejaron cuatro muertos, y de un grave escándalo de corrupción por el pago de sobornos para obtener licitaciones que remece a su gobierno. “APEC ha enfriado las protestas sociales y las denuncias de corrupción, pero el gobierno sigue caminando sobre un piso muy inestable”, le aseguró a PáginaI12 el politólogo y catedrático de la Universidad Católica Carlos Reyna.
miércoles, 19 de noviembre de 2008
ESTUDIANTES PROTESTAN CONTRA BUSH EN LA UNIVERSIDAD AGRARIA



Ver más información: www.antiapecperu2008.tk,
Vistar también la Revista Mariétegui:
http://www.nodo50.org/mariategui/peruestudiantesuniversitariosprotestan.htm
Etiquetas:
Cumbre APEC,
Derechos Humanos,
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UN LOCO SUELTO EN LA APEC/ RAÚL WIENER
Un loco suelto en la APEC / Raúl Wienner
Hace treinta años, en plena crisis de riqueza del capitalismo (el crecimiento de la producción había superado el de los mercados, se sobreexplotaba la base energética petrolera y el crudo escalaba sus precios, la renta industrial declinaba en el mundo y empezaba a ser mal negocio), se inició una profunda reestructuració n del sistema, que aparecía inicialmente como un gran rescate y a la postre se impregnó como la ideología de la “verdadera economía”, que es la que vemos ahora todos los días.
Para el capital que no tenía donde invertir le abrieron la posibilidad de hacerlo en empresas, servicios e infraestructura ya existentes que por diversas razones estaban en manos del Estado, se les redujo el “costo del trabajo” (remuneraciones y beneficios sociales) y los impuestos, se les abrió fuentes de materias primas baratas presionando a los países con estas reservas, y se ensanchó el mercado mundial con la integración de las economías periféricas y las del antiguamente llamado campo socialista.
Finalmente como esta nueva organización económica era aún insuficiente para un impulso decisivo al crecimiento, el sistema se dio una licencia clave en el campo de las finanzas: decidió maximizar las utilidades industriales y del comercio a través de la especulación, que incluía la apuesta constante a las bolsas; el maxiendeudamiento de los Estados y las empresas; la absorción de fondos de la producción, las pensiones y reservas laborales y cuanto dinero estuviera sin usarse para darle vueltas y sacarle todo el provecho posible.
Hoy todo ese mecanismo ha volado por los aires. No por alguna mala decisión de algún operador financiero que prestó de más. Sino porque se ha hecho evidente que el sistema hacía rato que se había separado de la producción que otra vez estaba carente de aire, de mercados y energía, mientras en el mundo financiero se vivía una interminable fiesta. La reestructuració n de los 70-80, de la que forman parte la APEC , los TLC y todos los discursos de la globalización, ha entrado en ruta de catástrofe desde hace alrededor de ocho semanas, con bancos quebrados, economías en recesión y millones de personas que están perdiendo sus empleos, y el mundo vive otra vez los sobresaltos de no saber cuál es la nueva reestructuració n que sobrevendrá en adelante.
Es en esa situación que aparece Alan García sacudiendo al G-20, al mundo y sus gobiernos, a los empresarios asustados, y les dice: ¿en qué están pensando? Esto de la crisis es una trampa para que nos desviemos de lo que estábamos. Miren al Perú que no le pasa nada porque somos más liberales que los Estados Unidos, y si esta es una crisis de riqueza como no vamos a arreglarla si estamos haciendo lo posible para que los ricos sean más ricos, y los apristas también. Razón tenían los que decían que a García hay que mantenerlo lejos de la economía. Pero se nos escapó otra vez.
19.11.08
Hace treinta años, en plena crisis de riqueza del capitalismo (el crecimiento de la producción había superado el de los mercados, se sobreexplotaba la base energética petrolera y el crudo escalaba sus precios, la renta industrial declinaba en el mundo y empezaba a ser mal negocio), se inició una profunda reestructuració n del sistema, que aparecía inicialmente como un gran rescate y a la postre se impregnó como la ideología de la “verdadera economía”, que es la que vemos ahora todos los días.
Para el capital que no tenía donde invertir le abrieron la posibilidad de hacerlo en empresas, servicios e infraestructura ya existentes que por diversas razones estaban en manos del Estado, se les redujo el “costo del trabajo” (remuneraciones y beneficios sociales) y los impuestos, se les abrió fuentes de materias primas baratas presionando a los países con estas reservas, y se ensanchó el mercado mundial con la integración de las economías periféricas y las del antiguamente llamado campo socialista.
Finalmente como esta nueva organización económica era aún insuficiente para un impulso decisivo al crecimiento, el sistema se dio una licencia clave en el campo de las finanzas: decidió maximizar las utilidades industriales y del comercio a través de la especulación, que incluía la apuesta constante a las bolsas; el maxiendeudamiento de los Estados y las empresas; la absorción de fondos de la producción, las pensiones y reservas laborales y cuanto dinero estuviera sin usarse para darle vueltas y sacarle todo el provecho posible.
Hoy todo ese mecanismo ha volado por los aires. No por alguna mala decisión de algún operador financiero que prestó de más. Sino porque se ha hecho evidente que el sistema hacía rato que se había separado de la producción que otra vez estaba carente de aire, de mercados y energía, mientras en el mundo financiero se vivía una interminable fiesta. La reestructuració n de los 70-80, de la que forman parte la APEC , los TLC y todos los discursos de la globalización, ha entrado en ruta de catástrofe desde hace alrededor de ocho semanas, con bancos quebrados, economías en recesión y millones de personas que están perdiendo sus empleos, y el mundo vive otra vez los sobresaltos de no saber cuál es la nueva reestructuració n que sobrevendrá en adelante.
Es en esa situación que aparece Alan García sacudiendo al G-20, al mundo y sus gobiernos, a los empresarios asustados, y les dice: ¿en qué están pensando? Esto de la crisis es una trampa para que nos desviemos de lo que estábamos. Miren al Perú que no le pasa nada porque somos más liberales que los Estados Unidos, y si esta es una crisis de riqueza como no vamos a arreglarla si estamos haciendo lo posible para que los ricos sean más ricos, y los apristas también. Razón tenían los que decían que a García hay que mantenerlo lejos de la economía. Pero se nos escapó otra vez.
19.11.08
SOBRE LA APEC
A continuación publico un artículo publicado hoy en La República sobre la APEC que es de Humberto Campodónico. Además de este artículo quisera hacer algunos comentarios sobre el discurso de Alan García:
- A estas alturas es obvio que García ha sido un desubicado histórico. No por principios, o por ir Contra la Corriente como alguna vez lo planteara Isaiah Berlin, sino por magalomanía y demagogia. A fines de los 80s el antimperialista que decidió no pagar la deuda externa, en un contexto en el que las políticas neoliberales arreciaban; hoy un defensor contumaz del neoliberalismo hasta el delirio, en un contexto de clara crisis del fundamentalismo del libre mercado, de una crisis sin precedentes en la que aboga por la profundización misma del libre mercado como solución a los males que ha generado. Mientras los países orientan sus economías a fortalecerse hacia adentro, a regular el mercado, a hacer intervenir al Estado, en un país pobre como el Perú, García aboga por la desregulación total, la creación de un gran mercado libre en el pacífico.
- Tamaña aventura propia de un aventurero que parece llevarnos ciegamente al despeñadero por su terquedad de pasar a la historia a como de lugar se evidenció ayer en la reunión de inauguración. En esta, además de plantear que la salida a la crisis está en el área de libre comercio que se debe crear en el Asia Pacífico, de exigir que se aceleran las negociaciones de la Ronda de Doha, dijo disparates como que el calentamiento global era una gran oportunidad para el Perú, pues el acelerado deshielo de las cordilleras, aumentaban el caudal y la caída de agua de los ríos, convirtiéndonos en un potencial país productor de enérgia hídrica que podía exportar energía a todo el continente. Claro, hasta ahora no me lo creo, pero lo escuché. Es la locura.
AAPEC y políticas económicas de los países asiáticos
Humberto Campodónico
La reunión de la APEC en el Perú tiene una importancia central. Representan el 41% de la población mundial, el 55% del PBI mundial y el 49% del comercio mundial. Están presentes 2 de las 3 primeras economías de los países industrializados (EEUU y Japón), así como Rusia y Australia, destacando los principales países emergentes del Asia Pacífico sobre todo China y los "tigres": Corea del Sur, Taiwán (China), Singapur, Tailandia, Indonesia, Malasia, Filipinas y Vietnam.
En el primer cuarto de este siglo los países asiáticos de la APEC (a los que se debe añadir India) disputarán la hegemonía económica con EEUU. La crisis financiera y la recesión de los países industrializados podría acelerar la transición a un mundo multipolar que deberá buscar nuevos mecanismos e instituciones que reemplacen al obsoleti Bretton Woods (1944).
Esta constatación debe servirnos para entender que estos países no se han desarrollado con las recetas del "libre mercado" del FMI y el Banco Mundial. El mejor ejemplo es China, país que tiene un régimen de economía mixta, con un rol mayoritario del Estado y de empresas estatales. En el resto de los países asiáticos sucede algo parecido, lo que llevó al Banco Mundial a autocriticarse de sus recetas liberales, afirmando que aplicaron "políticas equivocadas", pero que han dado excelentes resultados.
Por el contrario, Joseph Stiglitz nos dice que quienes siguieron a rajatabla el modelo del libre mercado del FMI, como Rusia, sufrieron graves crisis económicas en la década del 90, de las que recién se están recuperando mediante la aplicación de políticas económicas que combinan el rol del mercado y del Estado.
El problema es que la propaganda gubernamental no enfatiza ese rol central y nos sigue diciendo que "el libre comercio y la entrada irrestricta de la inversión extranjera son condición necesaria y suficiente para alcanzar el crecimiento y el desarrollo". Pero sucede que en las negociaciones comerciales de la OMC los países asiáticos han defendido sus economías y mercados nacionales. La crisis de la Ronda Dohá en Cancún en el 2003 se debe a que ellos, junto a Brasil, India y Sudáfrica, entre otros, impidieron que se impongan las condiciones de los países industrializados.
En materia de inversión extranjera directa (IED), los países asiáticos han priorizado la entrada de inversiones que promueven la creación de mayor valor agregado, lo que les ha permitido entrar a la competencia mundial de productos industriales (allí están las exportaciones chinas y coreanas). Pero aquí se sigue sobrevendiendo la idea de que basta con la IED en actividades extractivas (minería, petróleo, gas), lo que consolida el modelo primario exportador.
No solo eso: las reglas de juego para las nuevas inversiones en recursos naturales debieron haberse modificado para que el Estado participe de las sobreganancias (mayor regalía a mayor precio, participación en las utilidades). Pero no. Se ha mantenido el mismo marco contractual cuando casi todos los países del mundo ya lo han readecuado.
Hace unos días, la Cámara de Comercio de Lima afirmó que APEC traería US$ 100,000 millones de IED del 2009 al 2011, es decir, US$ 35,000 millones anuales, lo cual es falso. En Brasil, en el 2007, se alcanzó el record de IED con US$ 34,000 millones, mientras que México y Chile tuvieron US$ 21,000 y 15,000 millones. Como en el 2007 Perú tuvo US$ 5,300 millones, lo que la CCL dice es que, en esta época de crisis, las inversiones se van a multiplicar por 7 durante 3 años consecutivos. Ya, pues.
La reunión APEC tiene, qué duda cabe, una gran importancia para un país pequeño como el Perú. Pero no se debe cometer el error de pensar que las soluciones "vienen de afuera" y que la solución a nuestros problemas está en la apertura irrestricta del mercado interno y en la inversión extranjera directa. Cuando pase la parafernalia mediática, volverá al primer plano la puesta en marcha de la "agenda interna" que permita reducir la pobreza y la desigualdad: educación, salud, infraestructura, descentralización, mayores empleos y salarios. Para lograrlo, los países asiáticos de la APEP nos muestran el camino: se trata de una adecuada relación entre el mercado y el Estado.
- A estas alturas es obvio que García ha sido un desubicado histórico. No por principios, o por ir Contra la Corriente como alguna vez lo planteara Isaiah Berlin, sino por magalomanía y demagogia. A fines de los 80s el antimperialista que decidió no pagar la deuda externa, en un contexto en el que las políticas neoliberales arreciaban; hoy un defensor contumaz del neoliberalismo hasta el delirio, en un contexto de clara crisis del fundamentalismo del libre mercado, de una crisis sin precedentes en la que aboga por la profundización misma del libre mercado como solución a los males que ha generado. Mientras los países orientan sus economías a fortalecerse hacia adentro, a regular el mercado, a hacer intervenir al Estado, en un país pobre como el Perú, García aboga por la desregulación total, la creación de un gran mercado libre en el pacífico.
- Tamaña aventura propia de un aventurero que parece llevarnos ciegamente al despeñadero por su terquedad de pasar a la historia a como de lugar se evidenció ayer en la reunión de inauguración. En esta, además de plantear que la salida a la crisis está en el área de libre comercio que se debe crear en el Asia Pacífico, de exigir que se aceleran las negociaciones de la Ronda de Doha, dijo disparates como que el calentamiento global era una gran oportunidad para el Perú, pues el acelerado deshielo de las cordilleras, aumentaban el caudal y la caída de agua de los ríos, convirtiéndonos en un potencial país productor de enérgia hídrica que podía exportar energía a todo el continente. Claro, hasta ahora no me lo creo, pero lo escuché. Es la locura.
AAPEC y políticas económicas de los países asiáticos
Humberto Campodónico
La reunión de la APEC en el Perú tiene una importancia central. Representan el 41% de la población mundial, el 55% del PBI mundial y el 49% del comercio mundial. Están presentes 2 de las 3 primeras economías de los países industrializados (EEUU y Japón), así como Rusia y Australia, destacando los principales países emergentes del Asia Pacífico sobre todo China y los "tigres": Corea del Sur, Taiwán (China), Singapur, Tailandia, Indonesia, Malasia, Filipinas y Vietnam.
En el primer cuarto de este siglo los países asiáticos de la APEC (a los que se debe añadir India) disputarán la hegemonía económica con EEUU. La crisis financiera y la recesión de los países industrializados podría acelerar la transición a un mundo multipolar que deberá buscar nuevos mecanismos e instituciones que reemplacen al obsoleti Bretton Woods (1944).
Esta constatación debe servirnos para entender que estos países no se han desarrollado con las recetas del "libre mercado" del FMI y el Banco Mundial. El mejor ejemplo es China, país que tiene un régimen de economía mixta, con un rol mayoritario del Estado y de empresas estatales. En el resto de los países asiáticos sucede algo parecido, lo que llevó al Banco Mundial a autocriticarse de sus recetas liberales, afirmando que aplicaron "políticas equivocadas", pero que han dado excelentes resultados.
Por el contrario, Joseph Stiglitz nos dice que quienes siguieron a rajatabla el modelo del libre mercado del FMI, como Rusia, sufrieron graves crisis económicas en la década del 90, de las que recién se están recuperando mediante la aplicación de políticas económicas que combinan el rol del mercado y del Estado.
El problema es que la propaganda gubernamental no enfatiza ese rol central y nos sigue diciendo que "el libre comercio y la entrada irrestricta de la inversión extranjera son condición necesaria y suficiente para alcanzar el crecimiento y el desarrollo". Pero sucede que en las negociaciones comerciales de la OMC los países asiáticos han defendido sus economías y mercados nacionales. La crisis de la Ronda Dohá en Cancún en el 2003 se debe a que ellos, junto a Brasil, India y Sudáfrica, entre otros, impidieron que se impongan las condiciones de los países industrializados.
En materia de inversión extranjera directa (IED), los países asiáticos han priorizado la entrada de inversiones que promueven la creación de mayor valor agregado, lo que les ha permitido entrar a la competencia mundial de productos industriales (allí están las exportaciones chinas y coreanas). Pero aquí se sigue sobrevendiendo la idea de que basta con la IED en actividades extractivas (minería, petróleo, gas), lo que consolida el modelo primario exportador.
No solo eso: las reglas de juego para las nuevas inversiones en recursos naturales debieron haberse modificado para que el Estado participe de las sobreganancias (mayor regalía a mayor precio, participación en las utilidades). Pero no. Se ha mantenido el mismo marco contractual cuando casi todos los países del mundo ya lo han readecuado.
Hace unos días, la Cámara de Comercio de Lima afirmó que APEC traería US$ 100,000 millones de IED del 2009 al 2011, es decir, US$ 35,000 millones anuales, lo cual es falso. En Brasil, en el 2007, se alcanzó el record de IED con US$ 34,000 millones, mientras que México y Chile tuvieron US$ 21,000 y 15,000 millones. Como en el 2007 Perú tuvo US$ 5,300 millones, lo que la CCL dice es que, en esta época de crisis, las inversiones se van a multiplicar por 7 durante 3 años consecutivos. Ya, pues.
La reunión APEC tiene, qué duda cabe, una gran importancia para un país pequeño como el Perú. Pero no se debe cometer el error de pensar que las soluciones "vienen de afuera" y que la solución a nuestros problemas está en la apertura irrestricta del mercado interno y en la inversión extranjera directa. Cuando pase la parafernalia mediática, volverá al primer plano la puesta en marcha de la "agenda interna" que permita reducir la pobreza y la desigualdad: educación, salud, infraestructura, descentralización, mayores empleos y salarios. Para lograrlo, los países asiáticos de la APEP nos muestran el camino: se trata de una adecuada relación entre el mercado y el Estado.
lunes, 17 de noviembre de 2008
ENTRE CUMBRE Y CUMBRE/ NELSON MANRIQUE
Entre Cumbre y Cumbre
Autor: Nelson Manrique
peru21.pe
El 2008 ha sido denominado oficialmente “El Año de las Cumbres” en el Perú, para resaltar la importancia del asunto. Faltando poco más de una semana para la iniciación de la Cumbre del APEC, conviene hacer un balance de la cumbre anterior.
La realización de la V Cumbre de América Latina y el Caribe y la Unión Europea (ALC-UE) en Lima, el pasado mes de mayo, fue saludada por el gobierno, los empresarios y buena parte de la prensa como un gran triunfo; tan grande que en la euforia el presidente García decidió que Lima sería la sede de las Olimpiadas de 2016, con los resultados conocidos.
Veamos los hechos. La agenda oficial de la V Cumbre ALC-UE consideraba dos grandes temas: la lucha contra la pobreza y el cambio climático. ¿Significó algún avance la reunión? Es improbable que alguien recuerde alguna vez la Cumbre de Lima como un hito, en estos temas, o en cualesquiera otros. Un hecho que ayudó a este resultado fue que la agenda oficial del evento le traía sin cuidado a Alan García, que tenía la suya propia: la suscripción de un Tratado de Libre Comercio entre el Perú y la Unión Europea, y que esta condenara al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) como una organización terrorista.
Aunque el Perú era el país anfitrión y no el convocante, Alan García se comportó como el dueño de la fiesta, tratando de imponer a los asistentes sus propios objetivos, generando la incomodidad de los eurodelegados –por lo del MRTA– y de las autoridades europeas invitadas, a las que demandaba dejar de lado a la Comunidad Andina de Naciones (CAN), para negociar unilateralmente un Tratado de Libre Comercio (TLC) con el Perú.
Si algo ha quedado claro luego de este clavado en una piscina diplomática vacía es que la UE no va a permitir que le impongan otra agenda, violentando su decisión de negociar TLC solo con bloques regionales y no con países individuales, especialmente si esto va a debilitar a bloques que, como la CAN, pueden hacer cierto contrapeso a los Estados Unidos.
Lo del MRTA es ya ridículo, porque en los meses transcurridos hasta el Apra se ha olvidado del tema. La UE –que tiene problemas reales con organizaciones terroristas en actividad– tuvo razón al no creer que esta organización, que no ha hecho ni un atentado en más de una década y cuyos dirigentes dicen cada vez que se lo permiten que han renunciado a la violencia, fuese una real amenaza.
¿Un balance sintético? En la V Cumbre ALC-UE el gobierno maltrató innecesariamente las relaciones con nuestros vecinos y con Europa sin obtener nada a cambio.
Posiblemente nos iría mejor con más humildad y solidaridad continental y menos soberbia y megalomanía.
Autor: Nelson Manrique
peru21.pe
El 2008 ha sido denominado oficialmente “El Año de las Cumbres” en el Perú, para resaltar la importancia del asunto. Faltando poco más de una semana para la iniciación de la Cumbre del APEC, conviene hacer un balance de la cumbre anterior.
La realización de la V Cumbre de América Latina y el Caribe y la Unión Europea (ALC-UE) en Lima, el pasado mes de mayo, fue saludada por el gobierno, los empresarios y buena parte de la prensa como un gran triunfo; tan grande que en la euforia el presidente García decidió que Lima sería la sede de las Olimpiadas de 2016, con los resultados conocidos.
Veamos los hechos. La agenda oficial de la V Cumbre ALC-UE consideraba dos grandes temas: la lucha contra la pobreza y el cambio climático. ¿Significó algún avance la reunión? Es improbable que alguien recuerde alguna vez la Cumbre de Lima como un hito, en estos temas, o en cualesquiera otros. Un hecho que ayudó a este resultado fue que la agenda oficial del evento le traía sin cuidado a Alan García, que tenía la suya propia: la suscripción de un Tratado de Libre Comercio entre el Perú y la Unión Europea, y que esta condenara al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) como una organización terrorista.
Aunque el Perú era el país anfitrión y no el convocante, Alan García se comportó como el dueño de la fiesta, tratando de imponer a los asistentes sus propios objetivos, generando la incomodidad de los eurodelegados –por lo del MRTA– y de las autoridades europeas invitadas, a las que demandaba dejar de lado a la Comunidad Andina de Naciones (CAN), para negociar unilateralmente un Tratado de Libre Comercio (TLC) con el Perú.
Si algo ha quedado claro luego de este clavado en una piscina diplomática vacía es que la UE no va a permitir que le impongan otra agenda, violentando su decisión de negociar TLC solo con bloques regionales y no con países individuales, especialmente si esto va a debilitar a bloques que, como la CAN, pueden hacer cierto contrapeso a los Estados Unidos.
Lo del MRTA es ya ridículo, porque en los meses transcurridos hasta el Apra se ha olvidado del tema. La UE –que tiene problemas reales con organizaciones terroristas en actividad– tuvo razón al no creer que esta organización, que no ha hecho ni un atentado en más de una década y cuyos dirigentes dicen cada vez que se lo permiten que han renunciado a la violencia, fuese una real amenaza.
¿Un balance sintético? En la V Cumbre ALC-UE el gobierno maltrató innecesariamente las relaciones con nuestros vecinos y con Europa sin obtener nada a cambio.
Posiblemente nos iría mejor con más humildad y solidaridad continental y menos soberbia y megalomanía.
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